En muchas ocasiones, cuando un niño realiza algo que no es adecuado, la respuesta automática del adulto suele ser decir lo que no debe hacer: “No corras”, “No grites”, “No te levantes”, “No comas con los dedos”. Son frases que utilizamos de forma casi inconsciente y con buena intención, buscando que el niño aprenda normas o límites. Sin embargo, este tipo de mensajes no siempre ayudan al aprendizaje, especialmente en niños con dificultades del aprendizaje.
Los niños no necesitan únicamente que les indiquemos lo que deben evitar, sino que necesitan saber qué se espera de ellos y cómo hacerlo. Hablar en positivo consiste precisamente en eso: ofrecer instrucciones claras, comprensibles y funcionales que faciliten el aprendizaje de nuevas habilidades.
Por qué el “no” no siempre enseña
Cuando decimos “no corras”, el niño recibe información sobre lo que no debe hacer, pero no necesariamente sobre qué conducta es la adecuada en ese momento. Algunos niños pueden interpretar el mensaje, pero otros, especialmente niños con autismo o necesidades educativas especiales, pueden necesitar indicaciones más concretas y directas.
El cerebro procesa con mayor facilidad instrucciones que describen una acción concreta. Por ejemplo, decir “camina despacio” ofrece una alternativa clara, observable y fácil de imitar. Lo mismo ocurre con frases como:
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En lugar de “no grites”, podemos decir “habla bajito”.
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En lugar de “no te levantes”, podemos decir “siéntate bien”.
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En lugar de “no comas con los dedos”, podemos decir “come con el tenedor”.
Este cambio, que puede parecer pequeño, facilita enormemente la comprensión y el aprendizaje.
Un enfoque respetuoso con la forma de aprender de cada niño
Cada niño tiene una manera diferente de procesar la información, de comunicarse y de relacionarse con su entorno. En lugar de centrarnos únicamente en corregir conductas, debemos buscar acompañar al niño enseñándole habilidades funcionales que le permitan desenvolverse con mayor autonomía y bienestar.
En el trabajo con autismo, es frecuente observar que muchas conductas que preocupan a las familias aparecen porque el niño no tiene claro qué se espera de él o porque necesita más apoyo para comprender determinadas normas sociales. Utilizar un lenguaje positivo y directo reduce la ambigüedad y aumenta las oportunidades de éxito.
En nuestro centro de autismo en Albacete, uno de los objetivos principales es enseñar habilidades prácticas para la vida diaria y el lenguaje que utilizamos los adultos forma parte fundamental de ese aprendizaje.
El lenguaje como herramienta de enseñanza
Hablar en positivo no significa eliminar los límites ni permitir cualquier conducta. Significa enseñar de manera más clara y eficaz. Cuando decimos al niño qué hacer, estamos proporcionando una guía que facilita la imitación, la comprensión y la generalización de la conducta adecuada.
Por ejemplo, si un niño corre por un pasillo y le decimos únicamente “no corras”, es posible que deje de correr en ese momento, pero no habrá aprendido qué conducta es la esperada. En cambio, si decimos “camina despacio”, estamos enseñando una habilidad que podrá aplicar en otras situaciones similares.
Además, este tipo de lenguaje reduce la cantidad de correcciones negativas que recibe el niño a lo largo del día. Para muchos niños con autismo, recibir constantemente mensajes de error puede generar frustración, inseguridad o evitación de determinadas actividades. Utilizar instrucciones positivas favorece un clima más tranquilo y motivador.
Cómo empezar a hablar en positivo
Cambiar la forma de comunicarnos requiere práctica y consciencia. Algunos consejos sencillos pueden ayudar:
- Anticipar lo que esperamos antes de que aparezca la conducta. Por ejemplo: “Vamos a entrar al supermercado caminando despacio”.
- Utilizar frases cortas y claras, adaptadas al nivel de comprensión del niño.
- Acompañar el lenguaje verbal con apoyos visuales, gestos o modelado cuando sea necesario.
- Reforzar cuando el niño realiza la conducta adecuada. Un simple “Muy bien, estás caminando despacio” aumenta la probabilidad de que vuelva a hacerlo.
- Ser coherentes y constantes. El aprendizaje necesita repetición y consistencia.
Un cambio pequeño con un gran impacto
Hablar en positivo no solo facilita el aprendizaje de normas, sino que también mejora la comunicación y la relación entre el niño y el adulto. Cuando el niño entiende qué se espera de él, se siente más seguro y aumenta su participación en las actividades diarias.
En definitiva, hablar en positivo es mucho más que cambiar palabras. Es ofrecer oportunidades reales de aprendizaje, favorecer la autonomía y crear entornos donde los niños puedan desarrollarse desde el respeto, la comprensión y la confianza.