Cuando un niño no señala es muy habitual que aparezca la preocupación. Muchas familias se preguntan si es normal, si debería hacerlo ya o qué pueden hacer para ayudarle.
Señalar suele aparecer de forma espontánea en muchos niños, pero en otros no ocurre así. Y esto no significa que no quieran comunicarse, sino que no lo hacen de esa forma concreta.
Porque señalar no es solo un gesto con el dedo. Es una herramienta para comunicarse.
Tabla de contenidos
ToggleQué significa realmente señalar
Cuando un niño señala no solo está indicando algo. Está haciendo algo mucho más importante: está comunicándose.
Puede hacerlo para pedir (“quiero eso”), pero también para compartir (“mira eso”). Y aunque a veces parece lo mismo no lo es. Cuando señala para pedir está aprendiendo que puede influir en lo que ocurre. Cuando señala para compartir está intentando conectar contigo, compartir la atención y ese momento.
Ahí está la clave: no es el dedo, es la intención.
Entonces, ¿por qué no señala?
No hay una única respuesta y entender esto suele ayudar mucho a quitar presión.
Hay niños que no señalan pero sí se comunican. Te miran, te llevan de la mano, intentan coger lo que quieren… Es decir, la intención está, pero la forma es diferente. Y a veces el problema no es tanto que no se comuniquen, sino que los adultos no siempre reconocemos esas formas como comunicación.
Otras veces lo que ocurre es que señalar es más complejo de lo que parece. No es solo mover un dedo. Implica mirar el objeto, coordinar el gesto, tener en cuenta a la otra persona y anticipar que va a responder. Son muchas cosas a la vez y no todos los niños las integran al mismo ritmo.
También puede pasar algo muy sencillo: el niño todavía no ha aprendido que señalar sirve para algo. Si nunca ha vivido que ese gesto cambia lo que ocurre es lógico que no lo utilice.
En algunos casos, como ocurre en el autismo, estas diferencias en la comunicación y en la atención compartida forman parte del desarrollo, y por eso este tipo de gestos pueden aparecer de otra manera o más adelante.
Cómo podemos ayudarle
Aquí es donde suele haber más dudas. Muchas veces se piensa que hay que esperar… o al contrario, que hay que insistir. Pero realmente el punto está en otro sitio: en ayudar a que comunicar tenga sentido.
Lo primero es observar qué está haciendo ya. Porque muchos niños que no señalan sí se están comunicando, solo que de otra manera. A partir de ahí es mucho más fácil avanzar.
Por ejemplo, si un niño intenta coger algo, en lugar de dárselo directamente, podemos parar un momento. No para frustrar, sino para darle la oportunidad de hacer algo más. A veces aparece una mirada, un gesto, un intento… y ahí es donde podemos acompañar. En ese momento, ayudar no es obligar. Es guiar. Puede ser acercar un poco su mano o darle una pequeña pista de cómo hacerlo. Y en cuanto aparece ese intento, aunque no sea perfecto, lo importante es que funcione: que consiga lo que quería. Ahí es donde empieza el aprendizaje.
También es importante ser consistentes. Si unas veces respondemos y otras no es más difícil que entienda que comunicarse sirve. Cuando el entorno responde de forma clara el niño empieza a anticipar: “si hago esto, pasa esto”.
Y algo importante: señalar es solo una forma de comunicación. No la única. También podemos apoyar otras vías como palabras, gestos, imágenes o sistemas de comunicación aumentativa y alternativa.
Al final la comunicación no depende solo del niño. Depende también de cómo el entorno observa, interpreta y ofrece oportunidades.
Si necesitas acompañamiento más individualizado, en nuestro centro de autismo en Albacete trabajamos precisamente estas habilidades adaptándonos a cada niño y a su forma de comunicarse.
En definitiva…
Cuando un niño no señala es fácil centrarse en lo que “no hace”. Pero muchas veces, si miramos un poco más, vemos que sí se está comunicando… solo que de otra forma.
Señalar no es una meta en sí misma. Es una herramienta.
Y como cualquier herramienta, se aprende cuando tiene sentido, cuando funciona y cuando hay alguien al otro lado que responde.
Cuando dejamos de mirar solo el gesto y empezamos a mirar la comunicación en conjunto aparecen muchas más oportunidades: para pedir, para compartir y, sobre todo, para conectar.