Vivimos en una sociedad que tiene mucha prisa. Todo debe pasar rápido: caminar a cierta edad, hablar según el calendario, leer en primero, escribir en segundo, resolver problemas en tercero… Se espera que todos los niños sigan la misma línea, al mismo ritmo, sin desviaciones. Pero la realidad es otra.
Hay niños que tienen un diagnóstico: discapacidad intelectual, trastornos del lenguaje, dificultades de aprendizaje, etc. Y cada niño aprende a su manera, con los apoyos adecuados, con un entorno que los entienda y los acompañe. Tener una condición del desarrollo no significa no poder aprender. Significa que el camino será distinto. Y está bien que lo sea.
Comparar es algo que hacemos todos, muchas veces sin darnos cuenta. “A su edad, mi sobrino ya leía”, “Su compañera ya va sola al baño”, “¿Cómo que todavía no habla?”. Pero cada vez que comparamos, corremos el riesgo de no ver al niño que tenemos delante, con sus tiempos, sus intereses, sus fortalezas y sus formas de entender el mundo.
El aprendizaje no es igual para todos. Algunos niños necesitan más repeticiones, otros más estructura. Algunos avanzan rápido en ciertas áreas, y más lento en otras. Lo importante es que puedan avanzar, que tengan oportunidades reales para desarrollar su potencial. Y eso es posible, aunque el ritmo sea diferente al esperado.
La detección temprana es valiosa, claro que sí. Poner nombre a las dificultades puede abrir la puerta a la ayuda adecuada. Pero lo que no podemos permitir es que un diagnóstico se convierta en un límite. Porque no lo es. Un diagnóstico no define lo que un niño va a lograr, ni lo que puede aprender, ni hasta dónde puede llegar.
He visto avances lentos y progresos inmensos. He aprendido a valorar los pequeños logros como pasos gigantes. A mirar más allá de lo que falta, y a reconocer todo lo que sí está: el esfuerzo, la intención, el deseo de participar, de entender, de ser parte.
A veces, lo único que un niño necesita es tiempo, confianza y una enseñanza que respete su forma de aprender.
Cada niño es un mundo. Cada proceso, único. Y cada aprendizaje, posible. Solo hace falta mirar bien, enseñar con intención, y acompañar sin prisa.