¿Conductas problemáticas en niños con autismo o conductas comunicativas?

Conductas problemáticas en niños con autismo

Las conductas problemáticas en niños con autismo suelen generar preocupación en familias y profesionales.

Cuando pensamos en comunicación solemos imaginar palabras, frases o conversaciones. Sin embargo, la comunicación va mucho más allá del lenguaje verbal. Señalar un objeto, mirar al adulto, llevarle de la mano hacia algo que se desea o utilizar gestos son formas de comunicación que todos reconocemos fácilmente. Entendemos que el niño está intentando decirnos algo, aunque no utilice palabras.

Sin embargo, existen otras conductas que solemos interpretar de manera diferente. Empujar, llorar, gritar, tirarse al suelo o mostrar enfado suelen etiquetarse como conductas disruptivas o problemáticas. Aunque en muchos casos pueden resultar difíciles de gestionar, es importante entender que, con frecuencia, también están cumpliendo una función comunicativa.

Especialmente en niños con autismo, muchas conductas que generan preocupación en familias o profesionales pueden estar relacionadas con dificultades para expresar necesidades, emociones o deseos de una forma socialmente más aceptada. Cuando un niño no dispone de herramientas suficientes para comunicarse su conducta se convierte en su forma de transmitir un mensaje.

Conductas problemáticas en niños con autismo y su función comunicativa

Todos nos comunicamos para conseguir algo: pedir ayuda, expresar emociones, evitar situaciones desagradables o compartir intereses. Cuando un niño señala un juguete está comunicando que lo quiere. Cuando mira al adulto y sonríe puede estar buscando interacción o atención. Estas conductas suelen interpretarse de forma positiva porque son socialmente esperadas.

Sin embargo, si un niño llora cuando quiere un objeto o se tira al suelo cuando algo no ocurre como esperaba, el mensaje sigue existiendo, aunque la forma de expresarlo sea diferente. Puede estar diciendo “quiero eso”, “no me gusta”, “esto es difícil para mí” o “necesito ayuda”.

El reto no consiste únicamente en reducir la conducta que preocupa, sino en comprender qué está intentando comunicar el niño. Solo cuando entendemos el mensaje podemos enseñar una forma alternativa más funcional y adaptada a su desarrollo.

Qué ocurre cuando no comprendemos la función de la conducta

Cuando interpretamos estas conductas únicamente como desobediencia o desafío es fácil centrarse solo en eliminarlas. Sin embargo, si la conducta cumple una función comunicativa y no ofrecemos una alternativa, es probable que continúe apareciendo o que se sustituya por otra diferente.

En la intervención de conductas problemáticas en niños con autismo, uno de los primeros pasos consiste en analizar para qué sirve la conducta. Puede estar relacionada con la búsqueda de atención, la obtención de un objeto, la evitación de una tarea o la necesidad de regular una emoción intensa. Comprender esto permite diseñar intervenciones que enseñen nuevas formas de comunicación más eficaces. Por ello, en nuestro centro de autismo en Albacete dedicamos una parte importante de la intervención a enseñar comunicación funcional, adaptándola a las capacidades y necesidades individuales de cada niño.

Enseñar nuevas formas de comunicar

Cuando un niño aprende que puede conseguir lo que necesita utilizando formas de comunicación más claras, la conducta disruptiva suele disminuir de manera natural. Esto puede implicar enseñar a señalar, utilizar gestos, emplear pictogramas, comunicadores o desarrollar lenguaje oral cuando es posible.

Por ejemplo, si un niño llora para pedir agua, enseñarle a señalar el vaso o a utilizar un pictograma puede ofrecerle una herramienta más eficaz. Si un niño empuja para evitar una tarea difícil, enseñarle a pedir ayuda o a solicitar un descanso puede reducir su frustración.

El objetivo no es únicamente que la conducta desaparezca, sino que el niño disponga de recursos para expresarse de forma comprensible para su entorno.

Escuchar más allá de las palabras

Escuchar a un niño no significa solo atender a lo que dice, sino también observar cómo se comporta, en qué situaciones aparecen determinadas conductas y qué ocurre antes y después de ellas. Esta observación permite comprender patrones y anticipar necesidades.

Además, cuando los adultos responden de forma coherente y consistente, el niño aprende que su comunicación tiene efecto en su entorno. Esto favorece el desarrollo de habilidades comunicativas y reduce la aparición de conductas que generan malestar.

Un cambio de mirada

Entender las conductas problemáticas en niños con autismo desde esta perspectiva supone cambiar la forma en la que interpretamos el comportamiento del niño. No se trata de ignorar conductas que pueden resultar difíciles, sino de abordarlas desde la comprensión y la enseñanza de habilidades alternativas.

En definitiva, cuando un niño señala, mira, gesticula o utiliza palabras, reconocemos que está comunicando. Cuando llora, grita o se tira al suelo, también puede estar intentando decirnos algo. Aprender a escuchar ese mensaje es el primer paso para poder ayudarle a encontrar formas más adaptativas de expresarse y participar en su entorno.

Comparte el artículo:
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.