Muchos niños con necesidades educativas especiales viven rodeados de adultos que les dicen qué hacer, cómo hacerlo y cuándo. Aunque la estructura y las rutinas pueden ser buenas, también lo es sentirse partícipes de su propia vida.
Dar elecciones —aunque sean pequeñas— es una forma de decirles: “Tu opinión importa. Tú también puedes decidir.” Y esto tiene un impacto directo en el bienestar emocional y en la conducta.
Por qué ofrecer elecciones
Cuando un niño puede elegir, deja de ser un mero “receptor de órdenes” y se convierte en alguien activo en su entorno. Esta sensación de control y participación:
- Reduce la frustración y los comportamientos desafiantes.
- Fomenta la cooperación y la disposición a participar.
- Mejora la comunicación, incluso cuando el lenguaje oral es limitado.
- Fortalece la autoestima y la confianza en los adultos.
En términos de conducta, la elección da control, y cuando hay control percibido, disminuye la necesidad de oponerse. Un niño que puede decidir no necesita tanto “resistirse”, porque siente que su voz (sea oral, gestual o visual) cuenta.
Dar opciones es enseñar habilidades
Ofrecer elecciones no es solo una estrategia de manejo conductual: es una habilidad vital. Aprender a decidir es aprender a pensar, a comunicar preferencias, a tolerar los resultados, a responsabilizarse de pequeñas acciones.
Por eso, las elecciones se pueden adaptar a cada nivel de comprensión, desde lo más básico (elegir entre dos objetos) hasta decisiones más complejas (elegir la secuencia de una actividad).
Ejemplos:
En casa o en el cole, cualquier rutina puede ser una oportunidad para practicar la elección.
- Mostrar dos prendas y decir: “¿Quieres esta (mientras señalas) o esta?”
- Ofrecer dos platos o dos vasos de color diferente.
- Poner las manos como opción A / opción B y dejar que el niño toque o señale la que prefiera.
- Usar pictogramas o fotos para representar opciones (ej. baño 🛁 o música 🎵).
- “¿Quieres trabajar en la mesa o en la alfombra?»
- “¿Quieres el rotulador rojo o el azul?”
A veces basta con una micro-elección, como decidir qué material usar primero o a qué jugar al final, para cambiar completamente la disposición del niño hacia la tarea.
Consejos prácticos
- Asegúrate de que ambas opciones sean válidas para ti. No ofrezcas algo que no puedas cumplir (“¿Quieres ir al parque?” si no puedes ir).
- Empieza con dos opciones claras y visibles. Demasiadas elecciones pueden generar confusión o ansiedad.
- Refuerza el acto de elegir. “Has elegido el azul, ¡muy bien! Ahora lo usamos.”
- Respeta su elección. Si elige algo que luego no le gusta, aprovecha para enseñar flexibilidad: “Parece que hoy no te apetece el azul. Podemos cambiar la próxima vez.”
- Integra apoyos visuales o sensoriales. Si el lenguaje oral no basta, las imágenes, objetos y gestos son aliados poderosos.
- Ofrece oportunidades diarias. En cada rutina hay un espacio para decidir, por pequeño que sea.
Dar elecciones no es perder el control, es compartirlo. Es enseñar a los niños, desde sus posibilidades, que tienen derecho a expresar preferencias y que el mundo puede responder a ellas.
Cada vez que un niño señala una opción, elige una prenda o mira hacia el juguete que quiere, está aprendiendo mucho más que a elegir:
está aprendiendo que su voz tiene valor. Y cuando un niño siente que puede influir, se regula mejor, se comunica más y crece desde la seguridad y la confianza.