La importancia de la generalización del aprendizaje: cómo aplicar lo aprendido en la vida diaria

generalización del aprendizaje
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Aprender una habilidad nueva es importante. Pero hay algo que también debemos tener en cuenta: ¿qué ocurre cuando una persona sabe hacer algo durante una sesión de intervención, pero después no consigue hacerlo en casa, en el colegio o con otras personas?

Imaginemos que un niño aprende a pedir agua utilizando una palabra, un gesto o su comunicador. Durante las sesiones lo hace correctamente, pero cuando tiene sed en casa no utiliza esa misma forma de comunicación. ¿Significa que no ha aprendido a pedir agua? No necesariamente. Puede que todavía necesite practicar esa habilidad en otros momentos y situaciones.

Algo parecido ocurre cuando un niño aprende a lavarse las manos en un baño concreto, pero necesita ayuda para hacerlo en otro, o cuando una niña identifica los colores en unas tarjetas, pero tiene dificultades para reconocerlos en sus juguetes. En estos casos, hay un concepto que conviene conocer: la generalización del aprendizaje.

En psicología y, especialmente, en el Análisis Aplicado de la Conducta (ABA), no solo nos interesa que una persona aprenda una habilidad, sino también que pueda utilizarla cuando la necesite, aunque cambien las circunstancias.

 

 

Qué es la generalización

¿Qué es la generalización del aprendizaje?

La generalización del aprendizaje consiste en utilizar una habilidad que hemos aprendido en situaciones diferentes de aquellas en las que la adquirimos. Por ejemplo, un niño puede aprender a pedir ayuda durante una actividad con su terapeuta. Para que esa habilidad le resulte útil en su día a día, también necesitaremos ofrecerle oportunidades para pedir ayuda en casa, en el colegio o mientras juega con otras personas. La habilidad sigue siendo la misma, pero cambian las circunstancias en las que se utiliza.

Estos cambios pueden afectar a distintos aspectos:

  • Las personas: utilizar una habilidad con familiares, docentes, terapeutas u otros interlocutores.
  • Los materiales: realizar una actividad con objetos diferentes a los utilizados durante el aprendizaje.
  • Los lugares: poner en práctica lo aprendido en casa, en el colegio o en otros entornos habituales.
  • Las actividades: utilizar una misma habilidad en situaciones distintas.
  • El momento: realizar una acción en diferentes momentos del día, sin depender siempre de la misma rutina.

Por ejemplo, aprender a saludar durante una sesión no significa necesariamente que el niño vaya a hacerlo espontáneamente cuando llegue al colegio. Para valorar si esa habilidad se está generalizando, tendremos que observar qué ocurre en otros contextos y qué apoyos necesita.

Además, la generalización no exige que la persona responda siempre de la misma manera. En el caso de la comunicación, alguien puede expresar una petición mediante palabras, gestos, signos o un sistema de Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA), según sus necesidades y posibilidades.

 

 

generalización y mantenimiento¿Qué diferencia hay entre generalización y mantenimiento?

Aunque están relacionados, no significan lo mismo. La generalización consiste en utilizar una habilidad en situaciones diferentes de aquellas en las que se enseñó. El mantenimiento hace referencia a que esa habilidad se conserve con el paso del tiempo, aunque disminuya la enseñanza directa.

Por tanto, podemos encontrarnos con una persona que utiliza una habilidad en distintos lugares, pero necesita seguir practicándola para mantenerla. También puede ocurrir que conserve una habilidad durante meses, pero solo la utilice en las condiciones en las que la aprendió. Ambos aspectos deben tenerse en cuenta cuando planificamos la enseñanza.

 

 

importancia generalización

¿Por qué es tan importante generalizar lo aprendido?

Pensemos en un niño que aprende a ponerse el abrigo durante una actividad estructurada. Lo hace correctamente cuando su terapeuta se lo presenta de una manera determinada, pero después necesita mucha ayuda para vestirse antes de salir de casa. El aprendizaje inicial es un avance, pero todavía hay que comprobar cómo puede utilizar esa habilidad en su rutina diaria.

Esto sucede con muchas de las habilidades que trabajamos durante la intervención: comunicación, autonomía personal, juego, interacción social o aprendizaje académico.

Aprender a pedir ayuda, por ejemplo, puede facilitar que un niño abra un recipiente, resuelva una dificultad durante una tarea escolar o participe en una actividad compartida. Si únicamente pide ayuda durante una actividad concreta, será importante crear oportunidades para que pueda hacerlo en otras situaciones en las que también lo necesite. Lo mismo ocurre con la comunicación. Aprender a expresar «quiero más» durante un juego no garantiza que esa petición aparezca espontáneamente durante la merienda o cuando quiera continuar con otra actividad.

El objetivo no es que una persona complete correctamente una tarea en una sesión, sino que pueda aprovechar lo aprendido en su vida cotidiana. Por eso, repetir muchas veces una actividad no siempre es suficiente. En ocasiones, lo que necesitamos es ampliar las oportunidades para utilizar esa habilidad con otras personas, materiales y situaciones.

La investigación sobre generalización lleva décadas analizando cómo favorecer que las habilidades aprendidas se utilicen en otros contextos. Un trabajo clásico en este ámbito es el de Stokes y Baer (1977), que recoge diferentes estrategias para favorecer la generalización de la conducta. Puedes consultar el artículo original sobre la generalización de la conducta aquí.

 

trabajar la generalización en contextos

¿Por qué una persona puede hacerlo en un contexto y no en otro?

Esta es una situación bastante habitual en la intervención y que puede generar dudas en las familias. A veces escuchamos comentarios como «con su terapeuta lo hace perfectamente» o «si sabe hacerlo en casa, no entiendo por qué no lo hace en el colegio». Sin embargo, saber realizar una habilidad en una situación no significa que vaya a aparecer automáticamente en todas las demás.

Durante el aprendizaje, la persona puede acostumbrarse a determinadas señales: una instrucción concreta, unos materiales específicos, la presencia de una persona o una secuencia que siempre se repite de la misma manera. Cuando alguno de esos elementos cambia, puede necesitar nuevas oportunidades para utilizar lo aprendido.

Imaginemos que un niño guarda sus juguetes cuando un adulto le dice una frase concreta y señala una caja determinada. Si en el colegio los juguetes se guardan en otro recipiente y nadie le da esa indicación, puede que todavía no realice la misma acción de manera independiente. Esto no significa necesariamente que haya olvidado cómo guardar los juguetes. Es posible que la habilidad siga dependiendo de determinadas señales del entorno.

También pueden influir otros factores: el ruido, la cantidad de materiales, la dificultad de la actividad, el cansancio o la falta de familiaridad con la nueva situación. Por eso, antes de concluir que una persona no sabe hacer algo, conviene analizar qué ha cambiado y qué puede estar dificultando la respuesta.

Se trata de realizarnos preguntas como:

  • ¿En qué situaciones consigue hacerlo?
  • ¿Con qué personas utiliza esa habilidad?
  • ¿Necesita las mismas ayudas en todos los contextos?
  • ¿Qué cambia cuando la habilidad deja de aparecer?
  • ¿Qué podemos modificar para facilitar que la utilice en otras situaciones?

Estas preguntas nos permiten comprender mejor el aprendizaje y decidir cómo continuar la intervención.

 

 

cómo trabajar la generalización

¿Cómo podemos favorecer la generalización del aprendizaje?

La generalización no debería dejarse para el final, esperando que aparezca por sí sola cuando la persona ya domine una habilidad. Podemos tenerla en cuenta desde el principio y planificar cómo practicar lo aprendido en diferentes situaciones. Esto no significa cambiar todas las condiciones a la vez ni retirar las ayudas que todavía necesita. Se trata de introducir pequeños cambios, observar qué ocurre y ajustar la enseñanza.

 

1. Practicar con diferentes personas

Si una habilidad se trabaja siempre con la misma persona, es conveniente crear oportunidades para utilizarla también con otras personas relevantes. Por ejemplo, si un niño está aprendiendo a pedir ayuda, podemos empezar practicando con una persona que conoce bien la actividad. Más adelante, otros adultos de su entorno pueden ofrecer oportunidades similares durante las rutinas habituales. No es necesario que todas las personas reproduzcan exactamente la misma situación. Lo importante es que sepan qué habilidad se está trabajando y cómo pueden facilitar su uso.

2. Utilizar materiales diferentes

También podemos introducir variaciones en los materiales. Si una niña aprende a clasificar colores con tarjetas, podemos ofrecerle oportunidades para reconocerlos en bloques de construcción, juguetes, prendas de ropa u otros objetos cotidianos.Si un niño aprende a abrir un recipiente, podemos observar qué sucede cuando tiene que abrir otro con características similares.

La finalidad no es cambiar los materiales continuamente, sino ayudar a que la persona identifique qué aspectos de la habilidad siguen siendo útiles aunque cambien algunos detalles.

Conviene empezar con materiales parecidos y aumentar la variedad progresivamente, teniendo en cuenta la dificultad que supone cada cambio.

3. Practicar en lugares y situaciones diferentes

Una habilidad también puede necesitar practicarse en más de un entorno. Por ejemplo, un niño puede aprender a guardar su mochila en casa y necesitar nuevas oportunidades para hacerlo en el colegio. Lavarse las manos puede trabajarse en distintos baños, siempre que las condiciones permitan realizar la actividad de forma accesible y segura.

Es recomendable introducir estos cambios poco a poco. Si modificamos simultáneamente el lugar, los materiales, las instrucciones y la persona que acompaña, puede resultar más difícil identificar qué está facilitando o dificultando el aprendizaje. Observar la respuesta ante cada cambio nos ayudará a ajustar la intervención.

4. Aprovechar las situaciones cotidianas

No todas las oportunidades de aprendizaje tienen que prepararse de manera específica durante las sesiones de intervención. Muchas aparecen en actividades que ya forman parte de la vida diaria: vestirse, cocinar, recoger juguetes, hacer la compra, jugar o preparar la mochila.

Si estamos trabajando la petición de ayuda, por ejemplo, podemos ofrecer oportunidades mientras el niño realiza una manualidad, intenta abrir un envase o necesita localizar un objeto. De esta forma, la habilidad se practica en situaciones en las que realmente puede resultarle útil.

Además, aprovechar las rutinas habituales permite integrar el aprendizaje en la vida cotidiana sin convertir cada momento del día en una actividad dirigida.

5. Ajustar las ayudas sin retirarlas antes de tiempo

Durante el aprendizaje, es posible que una persona necesite una indicación verbal, un gesto, una señal visual o un modelo para realizar una actividad. Estas ayudas pueden ser necesarias y facilitar la adquisición de nuevas habilidades. Sin embargo, conviene observar si la persona depende de una indicación concreta y qué ocurre cuando cambian las condiciones.

El objetivo no es retirar todas las ayudas a cualquier precio. Se trata de ajustar los apoyos para favorecer la participación y la autonomía, sin eliminar recursos que la persona todavía necesita. Por ejemplo, un niño puede aprender a organizar sus materiales utilizando una agenda visual. Que necesite esa agenda no significa que no esté aprendiendo o que no pueda avanzar hacia una mayor autonomía. Lo importante es valorar qué apoyos le permiten desenvolverse mejor y si puede utilizarlos en otros contextos.

En este sentido, puede resultarte útil nuestro artículo sobre tipos de ayudas (prompts): guía completa para utilizarlas y retirarlas correctamente durante el aprendizaje.

 

 

Ejemplos generalización

Ejemplos de generalización en diferentes áreas del aprendizaje

Para entender mejor cómo se aplica este concepto, podemos observar algunas situaciones habituales.

  • Comunicación. Un niño aprende a pedir un objeto mediante palabras, gestos, signos o su sistema de CAA durante una actividad. Después, se crean oportunidades para utilizar esa forma de comunicación con otras personas y en situaciones diferentes.
  • Autonomía personal. Una niña aprende a ponerse una prenda de ropa. Más adelante, se observa cómo realiza esa secuencia con otra prenda o en un momento diferente del día. Algunos pasos pueden estar adquiridos y otros seguir necesitando apoyo.
  • Juego. Un niño aprende a construir una torre con bloques siguiendo un modelo. Posteriormente, puede utilizar lo aprendido con otras piezas, construir estructuras diferentes o participar en un juego compartido.
  • Aprendizaje académico. Un alumno aprende a resolver sumas utilizando determinados materiales. Para valorar si puede aplicar lo aprendido de forma más amplia, se le presentan otros ejemplos, formatos o problemas relacionados con situaciones cotidianas.

En todos estos casos, no buscamos que la persona repita exactamente la misma respuesta en cualquier circunstancia. Lo que nos interesa es que pueda utilizar sus habilidades de una forma flexible y adecuada a cada situación.

 

 

cómo saber si está generalizando

¿Cómo sabemos si un aprendizaje se está generalizando?

Para valorar la generalización, necesitamos observar algo más que el resultado obtenido durante la actividad de enseñanza. Podemos fijarnos en si la persona utiliza la habilidad con otras personas, si puede realizarla con materiales diferentes, si la incorpora a sus rutinas y si sigue necesitando las mismas ayudas.

Por ejemplo, si un niño aprende a recoger sus materiales, podemos observar si lo hace únicamente cuando se lo pide la persona que le ha enseñado o si también utiliza esa habilidad al terminar otras actividades. Si necesita una indicación en un contexto nuevo, conviene registrar qué ayuda requiere y valorar cómo podemos favorecer nuevos avances. No sería adecuado considerar que todo el aprendizaje se ha perdido simplemente porque la habilidad todavía no aparece de forma independiente en todas las situaciones.

De hecho, la generalización puede producirse de forma progresiva. Una persona puede empezar utilizando una habilidad con dos personas, después hacerlo en otro lugar y, más adelante, necesitar menos ayuda en determinadas circunstancias.

También debemos tener en cuenta el tiempo. Una habilidad puede aparecer después de practicarla, pero necesitar nuevas oportunidades para mantenerse y utilizarse en situaciones menos familiares.

La observación nos permite responder a preguntas concretas: qué hace la persona, en qué circunstancias, con qué apoyos y qué cambios aparecen a medida que practica. Con esa información podemos ajustar la enseñanza, reconocer los avances y decidir qué situaciones conviene trabajar a continuación.

No es necesario que una habilidad aparezca de forma independiente en todos los contextos para reconocer que existe progreso.

 

 

preguntas frecuentes en autismo

Preguntas frecuentes sobre la generalización 

– ¿Qué es la generalización del aprendizaje?

Es la posibilidad de utilizar una habilidad aprendida en situaciones diferentes de aquellas en las que se enseñó. Puede implicar cambios en las personas, los materiales, los lugares o las actividades.

– ¿Por qué es importante generalizar lo aprendido?

Porque permite que las habilidades sean útiles en la vida cotidiana y que la persona pueda aplicarlas en diferentes contextos, sin depender exclusivamente de las condiciones concretas en las que practicó inicialmente.

– ¿Cómo se puede favorecer la generalización?

Podemos practicar con diferentes personas, utilizar materiales variados, introducir cambios progresivos en los contextos y aprovechar las situaciones cotidianas. También es importante observar qué apoyos necesita la persona y adaptar la enseñanza.

– ¿Qué diferencia hay entre generalización y mantenimiento?

La generalización consiste en utilizar una habilidad en situaciones diferentes. El mantenimiento consiste en conservar esa habilidad con el paso del tiempo, aunque haya disminuido la enseñanza directa.

– ¿Qué ocurre si una persona sabe hacer algo en un contexto, pero no en otro?

Puede que la habilidad todavía esté vinculada a determinadas señales, materiales, personas o rutinas. Conviene analizar qué cambia entre las situaciones y ofrecer oportunidades para practicar en el nuevo contexto, manteniendo los apoyos necesarios.

 

 

En definitiva…

Cuando enseñamos una habilidad, es importante pensar en cómo podrá utilizarse fuera de la situación en la que se ha aprendido. La generalización del aprendizaje permite conectar los aprendizajes con la vida cotidiana y ampliar las oportunidades de comunicación, autonomía, participación y acceso a nuevas experiencias.

En CAYP Centro Aprendizaje y Psicología, en Albacete, nos fijamos mucho en que la generalización forme parte de la planificación de la enseñanza de nuevas habilidades. No basta con comprobar que una persona realiza correctamente una actividad durante una sesión; también es importante valorar cómo puede aprovechar ese aprendizaje en sus rutinas y en los entornos que son importantes para ella.

Cada persona puede necesitar tiempos, oportunidades y apoyos diferentes. Por eso, favorecer la generalización requiere una planificación individualizada y, cuando procede, la colaboración entre la familia y los profesionales que participan en los distintos contextos.

En definitiva, aprender una habilidad es importante. Poder utilizarla cuando realmente la necesitamos es lo que permite que ese aprendizaje tenga un impacto en nuestra vida.

 

Beatriz Rives, directora del Centro Aprendizaje y Psicología de Albacete.Beatriz Rives García
Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº CM-01981 y Board Certified Behavior Analyst (BCBA) nº 1-21-51539. Especializada en autismo, análisis aplicado de conducta (ABA) y necesidades educativas especiales.
Más información sobre mí.

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