Uno de los mayores retos en el trabajo con niños que presentan lo que habitualmente se conoce como conductas disruptivas es encontrar formas efectivas de gestionar esas conductas. En lugar de reaccionar a la conducta negativa, una estrategia altamente efectiva es enseñar a los niños a pedir un escape de manera adecuada. Sin embargo, es fundamental entender que esta estrategia solo será efectiva cuando las conductas disruptivas estén siendo utilizadas por el niño como una forma de escape de una situación que le resulta incómoda o abrumadora.
Las conductas disruptivas, como gritar, golpear o tirar objetos, suelen ser una forma en que los niños intentan comunicarse cuando no tienen otras herramientas para expresar lo que sienten o lo que necesitan. A menudo, estas conductas surgen porque el niño se siente sobrecargado, frustrado o simplemente no sabe cómo pedir un descanso de forma adecuada. Aquí es donde entra en juego la importancia de enseñarles a pedir un escape de forma adecuada. Es importante recordar que esta intervención debe basarse en un análisis funcional de la conducta. Es decir, debemos identificar que la conducta disruptiva está ocurriendo específicamente porque el niño está buscando escapar de una situación, y no por otros motivos.
En lugar de permitir que el niño recurra a la conducta disruptiva para obtener un descanso o evitar una situación incómoda, les enseñamos a usar un medio de comunicación alternativo, por ejemplo con la ayuda de la palabra «escape» o «descanso» escrita en una tarjeta. Este tipo de apoyo visual y verbal les ofrece una salida clara y aceptable que les permite expresar sus necesidades de una manera respetuosa.
Esto no solo les ayuda a regular sus emociones, sino que también fomenta la autonomía. La autonomía no se trata solo de hacer las cosas por sí mismo, sino también de aprender a reconocer sus propios límites y gestionar sus necesidades de manera independiente. Pedir un descanso o una pausa es una habilidad de autocuidado que les permite mantener el control sobre sus emociones y comportamientos, promoviendo su bienestar general.
Es importante tener en cuenta que, además de enseñarles a pedir un escape, también debemos trabajar en el desarrollo de habilidades emocionales. Gestionar emociones es una parte esencial de este proceso. Enseñarles a los niños a identificar, comprender y expresar sus emociones de manera adecuada es un paso clave para que puedan regular sus reacciones.
Al enseñarles a pedir un escape de forma adecuada y a gestionar sus emociones, estamos ayudando a los niños a desarrollar estrategias saludables para manejar la frustración, el estrés o la sobrecarga emocional. Esto les da más control sobre sus experiencias y fomenta su confianza, ya que se sienten capaces de manejar las situaciones difíciles sin necesidad de recurrir a conductas destructivas.
Si te interesa aprender más sobre cómo implementar esta estrategia o necesitas apoyo para desarrollar un plan de intervención personalizado para tu niño, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estamos aquí para ayudarte a crear un entorno de aprendizaje más efectivo y enriquecedor.