Errores al implementar un SAAC: guía para familias y profesionales

Errores al implementar un SAAC
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Errores al implementar un SAAC: ¿qué debemos tener en cuenta?

Cuando una familia comienza a utilizar un SAAC (Sistema Aumentativo y Alternativo de Comunicación), es normal que surjan dudas: ¿cómo debemos utilizarlo?, ¿cuándo debemos ofrecerlo?, ¿tenemos que enseñar primero a la persona a usarlo?, ¿qué palabras debería incluir?

Los errores al implementar un SAAC no suelen deberse a falta de interés o de implicación. La implementación de un sistema de comunicación requiere aprendizaje y acompañamiento también por parte de las personas interlocutoras. De hecho, las características de los interlocutores, el contexto y las oportunidades disponibles forman parte de los factores que deben tenerse en cuenta para favorecer una comunicación eficaz.

Un SAAC no debería entenderse como una actividad que la persona tiene que «aprender» para después poder comunicarse. Es una herramienta para comunicarse mientras se está aprendiendo a utilizarla. Por eso, necesita estar disponible y formar parte de situaciones reales: conversaciones, juegos, actividades escolares, comidas, paseos o momentos de ocio.

En esta guía vamos a conocer algunos de los errores frecuentes al implementar un SAAC, pero, sobre todo, veremos qué podemos hacer para favorecer que el sistema se convierta en una herramienta de comunicación funcional, accesible y significativa.

También puede ser útil leer nuestro artículo «¿Qué es un SAAC? Guía completa sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa», donde explicamos con más detalle qué son estos sistemas y para quién pueden ser útiles.

 

 

❌ Error 1: esperar a que la persona aprenda a usar el SAAC antes de utilizarlo

Uno de los errores al implementar un SAAC es pensar que primero tenemos que enseñar a la persona dónde están las palabras, qué significa cada símbolo o cómo construir un mensaje y que, cuando ya domine el sistema, podrá empezar a utilizarlo para comunicarse. Sin embargo, el aprendizaje de la comunicación ocurre mientras la persona participa en situaciones comunicativas reales. Por eso, cuando una persona comienza a utilizar un SAAC, no necesitamos esperar a que lo conozca perfectamente para empezar a utilizarlo con ella.

Una de las formas de acompañar este aprendizaje es el modelado o estimulación del lenguaje asistido. La American Speech-Language-Hearing Association (ASHA) recoge el lenguaje natural asistido como una estrategia en la que la persona interlocutora utiliza símbolos del SAAC mientras habla. Consiste en que la persona interlocutora habla con normalidad y, al mismo tiempo, utiliza algunas palabras del SAAC de la persona mientras se comunica. De esta manera, puede observar para qué sirven esas palabras y cómo pueden combinarse dentro de mensajes reales. No es necesario señalar todo lo que estamos diciendo ni convertir cada interacción en una actividad de aprendizaje: podemos seleccionar algunas palabras importantes y utilizarlas de forma natural.

Por ejemplo, durante una merienda podemos decir «quiero más», «está bueno», «no quiero» o «quiero agua» mientras señalamos algunas de esas palabras en el comunicador. Si estamos jugando, podemos modelar «otra vez», «me toca», «tu turno» o «no quiero». La persona puede observar estos modelos muchas veces antes de utilizarlos por sí misma, y eso forma parte del proceso.

Además, modelar no significa exigir que la persona repita inmediatamente lo que acabamos de decir. Si estamos viendo una película y comentamos «¡qué divertido!» utilizando también el comunicador, no es necesario terminar con «ahora dilo tú». El objetivo es ofrecer una experiencia comunicativa y mostrar que el SAAC puede servir para mucho más que responder a las preguntas de otra persona.

Por tanto, cuando una persona está empezando a utilizar un SAAC, quizá la pregunta más útil no sea «¿ya sabe utilizarlo?», sino «¿está teniendo suficientes oportunidades para verlo utilizar y para comunicarse con él?». Si todavía necesita ayuda, podemos seguir ofreciendo modelos; si todavía no utiliza determinadas palabras, podemos continuar incorporándolas en situaciones significativas; y si todavía no responde, podemos seguir comunicándonos sin convertir cada interacción en una demanda.

Aprender a utilizar un SAAC lleva tiempo. Lo importante es que la persona tenga acceso a una herramienta que pueda utilizar, interlocutores que sepan acompañar su uso y oportunidades reales para descubrir que ese sistema puede servirle para expresar lo que quiere decir.

 

 

❌ Error 2: utilizar el SAAC principalmente para pedir

Otro de los errores al implementar un SAAC es utilizarlo casi exclusivamente para que la persona pueda pedir cosas, actividades o ayuda. Poder decir «quiero agua», «quiero jugar» o «dame más» es muy importante, porque permite expresar necesidades, preferencias y decisiones. Sin embargo, la comunicación no se reduce a pedir.

Una persona también puede querer decir que algo le gusta o no le gusta, rechazar una propuesta, hacer una pregunta, llamar la atención de alguien, comentar algo que está ocurriendo, contar una experiencia, compartir una emoción, saludar, hacer una broma o simplemente participar en una conversación. Si utilizamos el SAAC principalmente cuando queremos que la persona nos pida algo, estamos ofreciendo muchas menos oportunidades para que descubra todo lo que puede hacer con su sistema.

Esto puede ocurrir de manera muy natural. Por ejemplo, durante una comida podemos preguntar «¿quieres más?» y utilizar el comunicador para que pueda responder. Pero también podemos utilizarlo para comentar que la comida está caliente, decir que algo nos gusta, rechazar un alimento o compartir que hemos terminado. Durante un juego podemos modelar «otra vez», «me toca», «tu turno», «qué divertido» o «no quiero». En una salida podemos utilizarlo para llamar la atención de otra persona, comentar algo que vemos o expresar una opinión.

La diferencia es importante: no se trata simplemente de añadir más palabras al comunicador, sino de ofrecer oportunidades para utilizarlo con diferentes propósitos. Un sistema de comunicación necesita permitir que la persona pueda expresar diferentes tipos de mensajes y participar en situaciones variadas.

Por tanto, cuando utilicemos un SAAC, podemos intentar cambiar ligeramente nuestra mirada: en lugar de pensar únicamente «¿qué puede pedir?», preguntarnos también «¿qué puede contarme?», «¿qué puede preguntarme?», «¿qué puede opinar?» o «¿cómo puede participar en esta conversación?».

Así, el SAAC deja de ser únicamente una herramienta para conseguir algo y se convierte en una vía para comunicarse con otras personas, compartir experiencias y expresar la propia voz.

 

 

❌ Error 3: elegir un vocabulario demasiado limitado

Otro de los errores al implementar un SAAC es ofrecer un vocabulario demasiado reducido o centrado casi exclusivamente en objetos, personas y actividades. Es comprensible que, al comenzar, pensemos en palabras muy concretas como agua, comida, parque, pelota o tablet, porque son palabras que aparecen con frecuencia en la vida cotidiana. Sin embargo, para poder comunicarnos necesitamos mucho más que nombres de cosas.

Un SAAC debe permitir que la persona pueda construir mensajes y expresar diferentes ideas, por lo que es importante que tenga acceso también a palabras como verbos, pronombres, palabras para preguntar, negar, describir o relacionar diferentes elementos. Por ejemplo, disponer únicamente de «parque» permite señalar o pedir algo relacionado con el parque, pero contar además con palabras como «quiero», «ir», «no», «más», «allí» o «me gusta» abre muchas más posibilidades: «quiero ir al parque», «no quiero ir», «me gusta el parque» o «vamos allí».

En este sentido, suele diferenciarse entre vocabulario núcleo y vocabulario específico. El vocabulario núcleo está formado por palabras que pueden utilizarse en muchas situaciones y combinarse con otras palabras, mientras que el vocabulario específico permite incorporar elementos relacionados con los intereses, las personas, las actividades y las experiencias particulares de cada persona. Ambos son necesarios: no tendría sentido disponer de un comunicador lleno de palabras generales que no permitan hablar de aquello que realmente interesa a la persona, pero tampoco sería suficiente contar únicamente con nombres de sus objetos y actividades favoritas.

Por ejemplo, una persona puede necesitar palabras como «querer», «ir», «gustar», «más», «no» o «mira» para construir diferentes mensajes y, al mismo tiempo, disponer de vocabulario específico relacionado con aquello que forma parte de su vida: tren, piscina, dinosaurios, música, colegio, abuela…. Así, el sistema puede servir tanto para hablar de lo que está ocurriendo en ese momento como para compartir intereses, experiencias y pensamientos.

También es importante pensar en el futuro. El vocabulario que una persona necesita puede cambiar a medida que cambian sus intereses, sus actividades y las personas con las que se comunica. Por eso, un SAAC debería poder crecer con ella, incorporando nuevo vocabulario sin tener que cambiar continuamente toda la organización del sistema.

Esto último es especialmente importante porque, cuando una persona está aprendiendo dónde se encuentran las palabras dentro de su comunicador, la estabilidad puede facilitar que vaya familiarizándose con su organización. Si cada vez que queremos añadir palabras modificamos completamente la distribución, también podemos estar introduciendo una dificultad innecesaria.

Por eso, al revisar el vocabulario de un SAAC, no deberíamos preguntarnos solamente «¿tiene las palabras que necesita para pedir?», sino algo mucho más amplio: «¿puede expresar todo aquello que puede querer comunicar?». Puede ser útil comprobar si tiene palabras para rechazar, elegir, comentar, preguntar, describir, expresar preferencias, hablar de personas y lugares, contar experiencias y participar en conversaciones.

La finalidad, por tanto, no es llenar el comunicador de pictogramas. Es ofrecer un vocabulario suficientemente amplio, flexible y personalizado para que la persona pueda desarrollar su comunicación y utilizarla en situaciones reales y significativas.

 

 

❌ Error 4: convertir el SAAC en un interrogatorio

Otro de los errores al implementar un SAAC es utilizarlo principalmente a través de preguntas dirigidas a la persona. Es fácil que, cuando estamos aprendiendo a utilizar un comunicador, intentemos comprobar continuamente si la persona sabe encontrar una palabra o responder a una determinada situación: «¿Qué quieres?», «¿Qué es esto?», «¿Dónde está?», «¿De qué color es?» o «¿Quién es?».

Las preguntas forman parte de la comunicación y pueden ser útiles. El problema aparece cuando la mayor parte de las interacciones con el SAAC se convierten en una sucesión de preguntas que la persona tiene que responder. En ese caso, el comunicador puede terminar utilizándose más como una herramienta para demostrar lo que sabe que como una herramienta para expresar lo que quiere decir.

Podemos hacer algo diferente: utilizar nosotros el SAAC mientras hablamos, ofreciendo modelos de lenguaje y realizando comentarios relacionados con lo que estamos haciendo. Si estamos jugando con animales, por ejemplo, en lugar de preguntar constantemente «¿qué animal es?» o «¿dónde está el perro?», podemos señalar algunas palabras mientras decimos «mira, el perro», «corre rápido», «me gusta este», «¡qué grande!» o «otra vez». De esta manera, mostramos diferentes formas de utilizar el sistema sin exigir que la persona tenga que responder cada vez.

También es importante dejar espacio para que la persona pueda iniciar la comunicación. Podemos estar jugando, cocinando, leyendo un cuento o dando un paseo y permitir momentos de espera y observación, sin llenar continuamente los silencios con preguntas o indicaciones. Si la persona realiza un intento comunicativo mediante el habla, un gesto, una mirada, una expresión facial o su SAAC, podemos responder a ese intento y darle valor.

Esto cambia bastante la interacción. En lugar de que la persona tenga que esperar a que alguien le pregunte algo para poder utilizar su sistema, el SAAC está disponible para que pueda iniciar, responder, comentar, rechazar, preguntar o compartir algo cuando lo necesite.

Por ejemplo, durante una actividad podemos decir «mira, hemos terminado» mientras utilizamos el comunicador y después simplemente continuar con lo que estamos haciendo. No es necesario añadir «¿qué he dicho?» o «ahora dilo tú». Tampoco necesitamos comprobar constantemente si la persona recuerda dónde está cada palabra. La comunicación cotidiana ofrece muchas oportunidades para aprender sin convertirlas en una prueba.

Esto no significa que tengamos que dejar de hacer preguntas. Una conversación natural incluye preguntas, respuestas y comentarios. La cuestión es qué lugar ocupan las preguntas dentro de nuestras interacciones. Si observamos que casi todo lo que hacemos con el SAAC consiste en preguntar y esperar una respuesta, podemos intentar equilibrarlo incorporando más comentarios, modelos y oportunidades para que la persona tome la iniciativa.

Una pregunta sencilla puede ayudarnos a revisar nuestra forma de acompañar:

«¿Estoy utilizando el SAAC para comunicarme con la persona o principalmente para comprobar lo que sabe?»

El objetivo es que el comunicador sea una herramienta para participar en conversaciones y expresar mensajes propios, no un recurso que aparece únicamente cuando otra persona hace una pregunta.

 

 

❌ Error 5: utilizar el SAAC solo durante las sesiones

Es común cometer el error al implementar un SAAC de que el comunicador aparezca únicamente durante las sesiones de intervención y después vuelva a guardarse. Si queremos que una persona pueda utilizar su sistema para comunicarse, necesita tener acceso a él en las situaciones reales en las que puede querer decir algo.

Imaginemos que una persona utiliza su SAAC durante una sesión de 45 minutos, pero después no lo tiene disponible para comer, jugar, estar con su familia, participar en una actividad escolar o salir al parque. En ese caso, las oportunidades para utilizarlo serán muy reducidas. Además, estaremos asociando el comunicador con un momento concreto de «trabajo», en lugar de presentarlo como lo que realmente es: una herramienta para comunicarse.

Llevar el SAAC a la vida cotidiana no significa convertir todas las actividades en sesiones de intervención. Significa incorporarlo a las situaciones que ya forman parte del día. Durante una comida podemos utilizarlo para comentar que algo está bueno, pedir más o decir que hemos terminado. Mientras jugamos podemos modelar «otra vez», «mi turno» o «no quiero». Durante una salida podemos utilizarlo para comentar algo que vemos, expresar una preferencia o llamar la atención de otra persona.

También es importante que el sistema pueda utilizarse con diferentes interlocutores y en diferentes contextos. Si únicamente una persona sabe cómo utilizarlo, las oportunidades de comunicación pueden quedar muy limitadas. Familia, profesionales y centro educativo pueden compartir información y conocer las estrategias básicas que se están utilizando para que la persona encuentre apoyos coherentes en los distintos espacios.

Esto requiere coordinación, pero no significa que todas las personas tengan que hacer exactamente lo mismo en cada situación. Lo importante es que exista una base común: saber cómo acceder al sistema, respetar las iniciativas comunicativas de la persona, ofrecer modelos cuando sea necesario y evitar que el comunicador aparezca únicamente cuando alguien considera que «toca trabajar».

Por eso, al revisar la implementación de un SAAC, podemos fijarnos en algo muy sencillo: ¿dónde está el comunicador durante el día? Si está disponible en las situaciones en las que la persona participa, aumentan las posibilidades de que pueda utilizarlo de manera funcional. Si permanece guardado durante buena parte de la jornada, estamos reduciendo esas oportunidades.

El objetivo no es que la persona «practique» el SAAC durante más tiempo. Es que tenga más oportunidades reales para comunicarse. Y para ello, el sistema debe acompañarla allí donde transcurre su vida.

 

 

❌ Error 6: retirar el SAAC cuando aparece el habla

Otro de los errores al implementar un SAAC es pensar que, cuando una persona empieza a hablar más, ya no necesita su sistema de comunicación y, por tanto, podemos retirarlo. Sin embargo, utilizar el habla y utilizar un SAAC no son opciones incompatibles. Una misma persona puede emplear diferentes formas de comunicación y recurrir a cada una de ellas según la situación, el mensaje que quiera expresar o las condiciones en las que se encuentre.

Por ejemplo, una persona puede decir oralmente «agua» sin dificultad y, en cambio, utilizar su comunicador para expresar un mensaje más elaborado como «no quiero ir todavía», hacer una pregunta o hablar sobre algo que le ha ocurrido. También puede haber situaciones en las que el habla le resulte más accesible y otras en las que necesite apoyarse en su SAAC. La comunicación, por tanto, puede ser multimodal, combinando habla, gestos, expresiones faciales, escritura, signos y CAA.

Por eso, que aparezca o aumente el lenguaje oral no significa automáticamente que hayan desaparecido las necesidades comunicativas. Lo importante es observar si la persona puede expresar aquello que quiere comunicar y participar en las situaciones que forman parte de su vida. Si el SAAC continúa proporcionándole posibilidades que el habla por sí sola no le ofrece, sigue siendo una herramienta útil.

También debemos evitar plantear el SAAC como una especie de apoyo temporal que hay que abandonar en cuanto aparece el habla. Mantenerlo disponible permite que la persona pueda recurrir a él cuando lo necesite, sin tener que empezar de nuevo si en determinados momentos vuelve a necesitar más apoyo para comunicarse.

Por eso, en lugar de preguntarnos «¿ya habla lo suficiente para retirar el SAAC?», puede ser más útil preguntarnos:

«¿Puede comunicarse de forma eficaz en las situaciones que son importantes para ella?»

Si todavía necesita su comunicador para expresar determinados mensajes, participar en algunas conversaciones o comunicarse en determinados contextos, mantener esa vía de comunicación no significa impedir el desarrollo del habla. Significa conservar una herramienta que puede seguir ampliando sus posibilidades comunicativas.

En definitiva, el objetivo no debería ser conseguir que la persona utilice una única modalidad de comunicación, sino favorecer que pueda comunicarse de la manera que le resulte más accesible, eficaz y significativa en cada situación.

 

 

❌ Error 7: cambiar continuamente de sistema

Otro de los fallos al implementar un SAAC es cambiar continuamente de comunicador, aplicación, tablero, organización del vocabulario o forma de acceso cuando pensamos que el sistema elegido «no está funcionando».

Cuando una persona comienza a utilizar un SAAC necesita tiempo, práctica y oportunidades para familiarizarse con él. Aprender dónde están las palabras, cómo están organizadas y cómo acceder a ellas forma parte del propio proceso de aprendizaje. Si cambiamos constantemente el sistema, la persona puede tener que volver a empezar a familiarizarse con una nueva organización y una nueva forma de acceder al vocabulario.

Por ejemplo, puede ocurrir que una persona lleve unas semanas utilizando un comunicador y todavía necesite apoyo para encontrar determinadas palabras. Esto no significa necesariamente que el sistema no sea adecuado. Antes de cambiarlo, conviene observar qué está ocurriendo: ¿tiene suficiente acceso al comunicador?, ¿las personas interlocutoras saben cómo acompañar su uso?, ¿se está utilizando en diferentes situaciones?, ¿el vocabulario responde a sus necesidades?, ¿existen dificultades de acceso que podríamos ajustar?

Esto no quiere decir que un SAAC tenga que mantenerse exactamente igual para siempre. Revisar y adaptar el sistema forma parte de una buena implementación. Las necesidades de la persona pueden cambiar, pueden aparecer nuevos intereses, pueden detectarse dificultades de acceso o puede ser necesario incorporar vocabulario que antes no necesitaba. En esos casos, realizar modificaciones puede ser necesario y beneficioso.

La diferencia está en que una revisión debería partir de la observación y de las necesidades de la persona, no únicamente de que todavía no utilice el sistema de la manera que esperábamos. Antes de sustituirlo por completo, podemos preguntarnos si basta con realizar determinados ajustes o si realmente existe una razón para cambiar de sistema.

También es importante pensar en la estabilidad. Cuando una persona aprende que determinadas palabras se encuentran en determinados lugares, esa organización puede convertirse en un apoyo para acceder al lenguaje. Cambiarla constantemente puede dificultar ese proceso.

Por eso, en lugar de buscar continuamente un comunicador «mejor», puede ser más útil dar tiempo al sistema, observar cómo se está utilizando y realizar los ajustes necesarios. Y cuando finalmente sea necesario cambiarlo, conviene hacerlo de manera planificada, teniendo en cuenta aquello que la persona ya conoce y procurando que la transición no suponga perder innecesariamente aprendizajes o posibilidades de comunicación.

La pregunta no debería ser simplemente «¿este SAAC está funcionando?», sino «¿qué está facilitando y qué está dificultando la comunicación, y qué podemos ajustar para que funcione mejor para esta persona?».

 

 

❌ Error 8: elegir el sistema sin contar con la persona

Otro de los errores al implementar un SAAC es elegir el sistema pensando principalmente en lo que resulta más cómodo o conocido para las personas adultas, sin tener suficientemente en cuenta a quien va a utilizarlo.

Un SAAC no debería seleccionarse únicamente porque sea conocido por el profesional, porque tenga muchos pictogramas o porque parezca sencillo de utilizar. La persona debe estar en el centro de la elección y es necesario tener en cuenta sus características, sus necesidades comunicativas, sus intereses, las formas de acceso que le resultan posibles y los contextos en los que necesita comunicarse. La elección de un sistema también debe considerar las barreras y oportunidades de participación que existen en su entorno.

Esto puede parecer evidente, pero tiene consecuencias muy prácticas. Un sistema puede funcionar bien para una persona y no resultar adecuado para otra. Por ejemplo, si una determinada forma de acceso exige movimientos que a la persona le resultan difíciles, tendremos que buscar otra manera de acceder al vocabulario. Del mismo modo, si la organización visual resulta difícil de comprender o el vocabulario no permite hablar de aquello que realmente le interesa, el problema no está necesariamente en la persona: puede existir una barrera en el propio sistema o en la forma en que se ha planteado.

También necesitamos tener en cuenta qué quiere comunicar la persona y en qué situaciones necesita hacerlo. No se trata solamente de que pueda pedir comida, juguetes o actividades. El sistema debería ofrecer posibilidades para rechazar, elegir, comentar, preguntar, expresar preferencias, hablar sobre sus intereses y participar en conversaciones con diferentes personas.

Y, siempre que sea posible, la persona debe poder participar en las decisiones sobre su propia comunicación. No siempre podrá decir de manera directa «prefiero este sistema», pero podemos observar sus elecciones, sus formas de acceso, qué elementos utiliza espontáneamente, qué actividades le resultan significativas y qué dificultades encuentra. También podemos ofrecer opciones y observar qué ocurre en situaciones reales, en lugar de decidir únicamente desde fuera.

Esto es especialmente importante porque las personas usuarias de CAA son diversas y no existe un único sistema que sea adecuado para todo el mundo. 

Por eso, elegir un SAAC no debería consistir en encontrar «el mejor comunicador», sino en encontrar y ajustar una herramienta que permita a esa persona comunicarse de la manera más accesible y significativa posible.

Antes de elegir o realizar cambios importantes, podemos preguntarnos: ¿puede acceder a este sistema?, ¿puede expresar aquello que quiere comunicar?, ¿incluye palabras relacionadas con su vida e intereses?, ¿puede utilizarlo en los contextos que son importantes para ella?, ¿hemos tenido en cuenta lo que nos muestra y nos comunica sobre sus preferencias?

Cuando la respuesta parte de estas preguntas, dejamos de elegir el sistema únicamente desde las necesidades del entorno y empezamos a construirlo desde las necesidades comunicativas y la participación de la propia persona.

 

 

Conclusión: implementar un SAAC es mucho más que elegir un comunicador

A lo largo de esta guía hemos visto diferentes errores al implementar un SAAC, pero todos ellos nos llevan a una misma idea: un sistema de comunicación no funciona de manera aislada.

No basta con elegir una aplicación, imprimir un tablero o entregar un comunicador. La persona necesita acceso, oportunidades, interlocutores que sepan acompañar la comunicación, vocabulario suficiente y un entorno que valore sus diferentes formas de expresión.

También es importante recordar que cada persona tiene su propio ritmo. No todas las personas utilizarán un SAAC de la misma manera ni necesitarán exactamente los mismos apoyos. Por eso, la observación y la revisión del proceso son fundamentales.

Un SAAC tampoco debería convertirse en una herramienta utilizada únicamente para pedir, responder preguntas o realizar actividades de intervención. Su finalidad es mucho más amplia: permitir que una persona pueda expresar quién es, qué quiere, qué piensa, qué siente y qué necesita comunicar.

En CAYP Centro Aprendizaje y Psicología, en Albacete trabajamos de manera coordinada con las familias y los centros educativos para comprender las necesidades de cada alumno o alumna y favorecer que los apoyos que recibe sean coherentes con su forma de comunicarse y participar.

Cuando un alumno o alumna utiliza un SAAC implantado en el colegio, consideramos especialmente importante mantener una comunicación fluida entre la familia, el centro educativo y los profesionales que participan en su acompañamiento. Compartir información sobre qué necesita, qué le ayuda, qué dificultades aparecen en el día a día y qué estrategias están funcionando permite ajustar mejor los apoyos.

Desde CAYP podemos acompañar este proceso desde nuestra intervención, poniendo en común las observaciones que realizamos sobre las necesidades de nuestro alumnado y colaborando con el centro educativo para favorecer una respuesta coordinada.

Porque la comunicación no ocurre en un único espacio. Cuando familia, colegio y profesionales comparten información y objetivos, es más fácil que la persona encuentre apoyos coherentes en los diferentes contextos de su vida.

 

 

preguntas frecuentes en autismoPreguntas frecuentes sobre la implementación de un SAAC

¿Cuánto tiempo necesita una persona para aprender a utilizar un SAAC?

No existe un plazo único. El aprendizaje depende de diferentes factores, como las características del sistema, las oportunidades de uso, el acceso, el apoyo de los interlocutores y la experiencia previa de la persona. Por eso, es preferible realizar un seguimiento continuado en lugar de esperar resultados en un periodo determinado.

 

¿Cambiar de comunicador significa que el SAAC anterior no funcionaba?

No necesariamente. Un sistema puede necesitar modificaciones porque han cambiado las necesidades de la persona o porque se han identificado barreras. Lo importante es que los cambios respondan a una necesidad concreta y no se realicen continuamente sin valorar previamente qué está dificultando la implementación.

 

¿Puede una persona utilizar más de una forma de comunicación?

Sí. La comunicación puede ser multimodal. Una persona puede combinar habla, gestos, expresiones faciales, escritura, signos y un SAAC, utilizando cada modalidad según sus necesidades y las características de la situación.

 

¿Quién debe utilizar el SAAC?

El SAAC pertenece a la persona usuaria, pero las personas interlocutoras también necesitan aprender a utilizarlo y a facilitar oportunidades de comunicación. Familia, centro educativo y profesionales pueden colaborar para favorecer que el sistema esté disponible y pueda utilizarse en diferentes contextos.

 

 

Beatriz Rives, directora del Centro Aprendizaje y Psicología de Albacete.Beatriz Rives García
Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº CM-01981 y Board Certified Behavior Analyst (BCBA) nº 1-21-51539. Especializada en autismo, análisis aplicado de conducta (ABA) y necesidades educativas especiales.
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