Qué hacer cuando un niño tiene rabietas intensas: aspectos clave

Rabietas intensas en niños con autismo
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Lo que comúnmente llamamos «rabietas intensas» son una de las situaciones que más preocupan a las familias. Cuando un niño grita, llora de forma inconsolable, se tira al suelo, golpea, empuja o lanza objetos, es normal que quienes le acompañan se sientan desbordados y no sepan cómo actuar.

En los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), estas situaciones pueden aparecer con mayor frecuencia debido a las dificultades que algunas personas presentan para comunicarse, afrontar cambios, regular sus emociones o responder a determinadas demandas del entorno. Sin embargo, las «rabietas intensas» no son exclusivas del autismo y pueden aparecer en muchos niños cuando todavía no disponen de las habilidades necesarias para gestionar determinadas situaciones.

Ante estos episodios, es habitual buscar soluciones rápidas para que la conducta desaparezca cuanto antes. Sin embargo, aunque saber cómo actuar durante una crisis es importante, lo que realmente ayuda a reducir la aparición de las llamadas «rabietas intensas» es comprender por qué se producen, identificar qué habilidades necesita aprender el niño y enseñarlas de forma planificada.

En este artículo explicaremos qué hacer cuando aparecen esas «rabietas intensas», cómo prevenir muchas de ellas y qué estrategias pueden ayudar a que el niño desarrolle formas más eficaces de comunicar sus necesidades y afrontar las dificultades del día a día. Si quieres comprender mejor qué es el autismo y cómo puede influir en el aprendizaje y la conducta, también puede interesarte nuestro artículo Trastorno del Espectro Autista (TEA): qué es y cuáles son sus principales características.

Antes de comenzar destacar que, a lo largo de este artículo, utilizaremos el término «rabietas intensas» porque es la expresión con la que la mayoría de las familias conocen este tipo de situaciones. Sin embargo, muchas de estas conductas no corresponden a una rabieta en el sentido coloquial de un «capricho», sino a crisis conductuales o emocionales relacionadas con dificultades de comunicación, regulación o adaptación a las demandas del entorno.

 

 

Importancia del análisis funcional en las conductas problemáticasLas rabietas intensas son una forma de comunicación

Cuando aparecen lo que llamamos rabietas es frecuente pensar que el niño está desobedeciendo, intentando llamar la atención o manipulando a los adultos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estas conductas cumplen una función y nos están indicando que el niño no dispone, en ese momento, de una forma más eficaz de afrontar la situación.

Esto no significa que todas las rabietas tengan el mismo origen. Un mismo comportamiento puede aparecer por motivos muy diferentes. Por ejemplo, un niño puede tener una crisis porque quiere acceder a un objeto, porque intenta escapar de una tarea que le resulta demasiado difícil, porque necesita ayuda y no sabe cómo pedirla, porque le cuesta tolerar un cambio inesperado o porque el entorno le está generando una sobrecarga sensorial.

Por eso, antes de preguntarnos «¿cómo hago para que deje de hacerlo?», conviene plantearnos otra pregunta mucho más útil: «¿qué está intentando comunicar con esta conducta?». Comprender la función de la conducta significa entender por qué aparece para poder enseñar una alternativa más adecuada.

Si únicamente intentamos detener la rabieta sin comprender qué la está provocando, es probable que el problema vuelva a repetirse. En cambio, cuando identificamos la función de la conducta, podemos intervenir sobre las causas, adaptar el entorno cuando sea necesario y enseñar al niño nuevas habilidades que le permitan conseguir lo que necesita de una forma más adecuada.

Si quieres profundizar en este tema, te recomendamos leer nuestro artículo Funciones de la conducta: la clave para entender el comportamiento infantil, donde explicamos cómo identificar por qué aparece una conducta y por qué este paso es imprescindible para diseñar una intervención eficaz.

Comprender la función de las rabietas intensas no solo ayuda a actuar mejor durante una crisis, sino que también permite prevenir muchas de ellas y planificar la enseñanza de habilidades que mejoren la comunicación, la autonomía y la participación del niño en su vida diaria.

 

 

Qué hacer durante una crisis

Cuando el niño ya está experimentando una de estas crisis, el objetivo principal no es enseñarle una habilidad nueva ni intentar razonar con él. En ese momento, lo más importante es garantizar la seguridad y ayudarle a recuperar un estado de mayor calma para que, más adelante, pueda volver a aprender.

Aunque cada situación es diferente, existen algunas pautas que suelen resultar útiles.

 

Mantén la calma

Los niños perciben el estado emocional de las personas que les rodean. Si respondemos gritando, amenazando o perdiendo el control, es probable que la situación se intensifique todavía más.

Hablar con un tono de voz tranquilo, utilizar pocas palabras y transmitir seguridad suele ser mucho más eficaz que intentar imponer autoridad en ese momento.

 

Reduce las demandas

Durante una crisis, la capacidad del niño para procesar información suele estar muy disminuida. Por eso, no es el mejor momento para hacer preguntas, pedir explicaciones o insistir en que termine una tarea.

Siempre que sea posible, conviene reducir temporalmente las demandas y esperar a que recupere un mayor nivel de regulación antes de continuar.

 

Disminuye los estímulos si están contribuyendo a la crisis

En algunos casos, el exceso de ruido, las luces intensas, la presencia de muchas personas o un entorno demasiado estimulante pueden aumentar el malestar del niño.

Si identificas que estos factores están influyendo en la situación, intenta reducirlos o trasladaros a un lugar más tranquilo, siempre que sea posible.

 

Garantiza la seguridad

Si existe riesgo de que el niño pueda hacerse daño o hacer daño a otras personas, la prioridad será proteger su seguridad y la de quienes le rodean. En ocasiones bastará con retirar objetos peligrosos o aumentar la distancia con otras personas. En otras situaciones será necesario intervenir de una forma más directa, procurando hacerlo siempre con el menor nivel de restricción posible y respetando la dignidad del niño.

 

Deja las explicaciones para después

Cuando el niño está completamente desbordado, difícilmente podrá comprender explicaciones largas o reflexionar sobre lo ocurrido. Intentar razonar durante una crisis suele resultar poco útil e incluso puede prolongar la situación.

Será mucho más efectivo hablar sobre lo sucedido cuando haya recuperado la calma y esté en condiciones de comprender, aprender y practicar otras formas de afrontar situaciones similares en el futuro.

Es importante recordar que las rabietas intensas no suelen resolverse únicamente por cómo actuamos durante la crisis. La forma de responder puede ayudar a que la situación no empeore, pero el verdadero cambio suele producirse cuando analizamos por qué apareció la conducta y enseñamos al niño habilidades que le permitan afrontar esas situaciones de una manera más eficaz.

 

 

Lo más importante para reducir las rabietas intensas ocurre antes de que aparezcan

Aunque saber cómo actuar durante una crisis es importante, la mayor parte del trabajo para reducir las rabietas intensas ocurre antes de que aparezcan. Es en los momentos de calma cuando podemos analizar qué está ocurriendo, identificar qué habilidades necesita aprender el niño y planificar cómo enseñarlas.

En muchos casos, las estas rabietas aparecen porque el niño todavía no dispone de las herramientas necesarias para afrontar determinadas situaciones. Quizá no sabe pedir ayuda cuando una tarea le resulta difícil, expresar que necesita un descanso, tolerar una pequeña espera o comunicar que algo le molesta. Si no tiene una forma eficaz de conseguir lo que necesita, es más probable que utilice las conductas que ya forman parte de su repertorio.

Por este motivo, uno de los objetivos principales de la intervención debe ser enseñar habilidades funcionales que permitan sustituir esas conductas por otras más eficaces y socialmente adecuadas. Por ejemplo, podemos enseñar al niño a:

  • Pedir ayuda cuando la necesita.

  • Solicitar un descanso antes de sentirse completamente desbordado.

  • Esperar durante periodos de tiempo cada vez mayores.

  • Tolerar pequeños cambios en las rutinas.

  • Expresar que algo no le gusta o que necesita más tiempo.

Si quieres profundizar en este enfoque, te recomendamos leer nuestro artículo La importancia de enseñar conductas alternativas, donde se explica cómo enseñar habilidades que pueden reducir la aparición de muchas conductas problemáticas.

También es importante recordar que no todas las rabietas intensas pueden prevenirse, y ese no debe ser el objetivo. Habrá situaciones difíciles, cambios inesperados o momentos de mayor cansancio en los que las crisis seguirán apareciendo. Sin embargo, cuando el niño dispone de más herramientas para comunicarse, regularse y afrontar las demandas del entorno, es frecuente que estas situaciones sean menos frecuentes, menos intensas o más breves.

En definitiva, el objetivo no es únicamente que desaparezcan las rabietas intensas, sino que el niño desarrolle habilidades que le permitan desenvolverse con mayor autonomía, participar en su vida diaria y afrontar las dificultades de una forma cada vez más adaptativa.

 

 

Adaptar el entorno también ayuda a prevenir las crisis

Aunque enseñar nuevas habilidades es una parte fundamental de la intervención, el aprendizaje también depende del entorno en el que se desarrolla. Adaptar el entorno  significa identificar qué barreras están dificultando la participación del niño y realizar los ajustes necesarios para que pueda aprender en mejores condiciones.

Por ejemplo, si sabemos que una tarea todavía es demasiado compleja, podemos dividirla en pasos más sencillos. Si un ambiente con mucho ruido le dificulta concentrarse, puede ser útil buscar un lugar más tranquilo para enseñar una habilidad nueva. Del mismo modo, utilizar un lenguaje claro, dar tiempo suficiente para responder o anticipar un cambio importante puede facilitar que el niño afronte la situación con mayor éxito.

También es importante adaptar las demandas, no solo el entorno físico. Pedir varias cosas a la vez, introducir demasiados cambios de forma repentina o plantear objetivos que todavía están por encima de sus capacidades puede aumentar la frustración y favorecer la aparición de rabietas intensas. Ajustar la dificultad de las actividades no significa rebajar las expectativas, sino crear las condiciones necesarias para que el niño pueda aprender de forma progresiva.

Esto tampoco significa que todas las situaciones difíciles deban evitarse. Al contrario, muchas habilidades, como esperar, tolerar una negativa o afrontar pequeños cambios, necesitan enseñarse y practicarse de manera gradual. La diferencia está en ofrecer el apoyo adecuado mientras el niño las aprende, en lugar de esperar que las adquiera sin ayuda.

Cuando combinamos una enseñanza planificada con un entorno accesible y ajustado a las necesidades del niño, aumentan las oportunidades de éxito y disminuye la probabilidad de que aparezcan crisis relacionadas con la frustración o la falta de recursos para afrontar determinadas situaciones.

Si quieres conocer más estrategias para favorecer el aprendizaje y crear oportunidades de enseñanza en el día a día, te recomendamos leer nuestro artículo Cómo ayudar en casa a un niño con autismo para favorecer su aprendizaje y bienestar.

 

 

El papel de la familia en las rabietas intensas

La familia desempeña un papel fundamental tanto en la prevención como en el manejo de las rabietas intensas. Son las personas que mejor conocen al niño y quienes comparten con él la mayor parte de las situaciones cotidianas, lo que les permite identificar qué desencadena las crisis, qué estrategias suelen funcionar mejor y qué habilidades conviene seguir enseñando. Cuantas más oportunidades tenga el niño para utilizar una habilidad en contextos reales y con diferentes personas, más probable será que llegue a formar parte de su repertorio habitual.

La coordinación entre la familia, el colegio y los profesionales también resulta especialmente importante. Cuando todos trabajan hacia los mismos objetivos y utilizan estrategias coherentes, el aprendizaje suele ser más rápido y los avances tienen más posibilidades de mantenerse a largo plazo.

Además, es importante recordar que las crisis pueden generar un gran desgaste emocional. Es normal que, en algunos momentos, las familias se sientan cansadas, frustradas o tengan la sensación de que no están avanzando. Contar con apoyo profesional permite comprender mejor qué está ocurriendo, ajustar los objetivos cuando sea necesario y disponer de estrategias adaptadas a las necesidades de cada niño.

En nuestro centro de Aprendizaje y Psicología en Albacete trabajamos junto a las familias para identificar los objetivos de aprendizaje más importantes, enseñar estrategias basadas en la evidencia y diseñar programas de intervención individualizados. El objetivo no es únicamente reducir las rabietas, sino ayudar al niño a desarrollar habilidades que le permitan comunicarse mejor, afrontar las dificultades con mayor éxito y participar de forma cada vez más autónoma en su vida diaria.

 

En definitiva…

Las rabietas intensas pueden ser una de las situaciones más difíciles a las que se enfrentan las familias, pero también representan una oportunidad para comprender mejor qué necesita el niño y qué habilidades es importante enseñarle.

Aunque saber cómo actuar durante una crisis es importante, la intervención más eficaz suele centrarse en lo que ocurre antes de que aparezca. Comprender la función de la conducta, identificar las situaciones que la desencadenan, adaptar el entorno cuando sea necesario y enseñar habilidades funcionales son estrategias que pueden reducir la frecuencia e intensidad de muchas crisis a medio y largo plazo.

Es importante recordar que el objetivo no es conseguir que el niño nunca experimente frustración o malestar. Afrontar pequeñas dificultades forma parte del aprendizaje. La diferencia está en proporcionarle los apoyos necesarios para que, poco a poco, desarrolle formas más eficaces de comunicarse, afrontar los cambios, pedir ayuda o regular sus emociones.

Cada niño es diferente y necesitará objetivos, apoyos y oportunidades de aprendizaje ajustados a sus necesidades. Con una intervención individualizada, la colaboración entre la familia y los profesionales y una enseñanza planificada, muchos niños consiguen desarrollar habilidades que mejoran su autonomía, su participación y su calidad de vida.

 

 

preguntas frecuentes en autismoPreguntas frecuentes sobre las rabietas intensas

 

– ¿Qué hacer cuando un niño tiene rabietas intensas?

Cuando aparece una crisis, lo más importante es mantener la calma, garantizar la seguridad del niño y de las personas que le rodean, reducir las demandas y evitar largas explicaciones o discusiones en ese momento. Una vez que la crisis haya pasado, conviene analizar qué la provocó y valorar qué habilidades necesita aprender el niño para afrontar mejor situaciones similares en el futuro.

 

– ¿Por qué aparecen las rabietas intensas?

Las rabietas pueden tener diferentes causas. En muchos casos aparecen porque el niño intenta comunicar una necesidad, escapar de una situación que le resulta demasiado difícil, acceder a algo que desea o porque todavía no dispone de las habilidades necesarias para gestionar la frustración, los cambios o determinadas demandas del entorno. Comprender la función de la conducta es el primer paso para diseñar una intervención eficaz.

 

– ¿Las rabietas son más frecuentes en niños con autismo?

Sí, pueden ser más frecuentes en algunos niños con autismo debido a las dificultades que pueden presentar en áreas como la comunicación, la flexibilidad, la regulación emocional o la comprensión de determinadas situaciones. Sin embargo, no todos los niños autistas presentan rabietas intensas con frecuencia, y cuando aparecen es importante analizar cada caso de forma individual para comprender qué factores están influyendo.

 

– ¿Se pueden prevenir las rabietas intensas?

No siempre es posible evitar todas las rabietas, pero muchas pueden reducirse cuando se identifican las situaciones que las desencadenan, se adapta el entorno para disminuir barreras innecesarias y, sobre todo, se enseñan habilidades funcionales como pedir ayuda, solicitar un descanso, esperar, comunicar necesidades o afrontar pequeños cambios de forma progresiva.

 

– ¿Castigar las rabietas ayuda a que desaparezcan?

No. Los castigos, por sí solos, no enseñan al niño qué hacer en lugar de la conducta problemática ni suelen resolver las causas que la mantienen. Para que las rabietas disminuyan de forma estable, es necesario comprender por qué aparecen, enseñar habilidades alternativas y crear oportunidades para que el niño pueda practicarlas en diferentes situaciones. 

 

– ¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional?

Es aconsejable consultar con profesionales especializados cuando las rabietas intensas son muy frecuentes, muy intensas, implican riesgo para el niño o para otras personas, interfieren de forma importante en la vida familiar o no mejoran a pesar de los cambios realizados. Una evaluación individualizada permitirá identificar las variables que están influyendo en la conducta y diseñar un programa de intervención basado en la evidencia, adaptado a las necesidades específicas de cada niño.

 

Beatriz Rives, directora del Centro Aprendizaje y Psicología de Albacete.Beatriz Rives García
Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº CM-01981 y Board Certified Behavior Analyst (BCBA) nº 1-21-51539. Especializada en autismo, análisis aplicado de conducta (ABA) y necesidades educativas especiales.
Más información sobre mí.

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