¿Conductas problemáticas en niños con autismo o conductas comunicativas?

Niño mostrando una tableta de chocolate a su madre como ejemplo de comunicación en un artículo sobre conductas problemáticas en niños con autismo.
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Las conductas problemáticas en niños con autismo suelen ser uno de los principales motivos de consulta para muchas familias. Rabietas intensas, gritos, empujones, llanto, negarse a realizar una actividad o tirarse al suelo son situaciones que pueden generar preocupación, especialmente cuando ocurren con frecuencia o dificultan la vida cotidiana.

Es comprensible que, ante estas situaciones, la primera pregunta sea: «¿Cómo conseguimos que deje de hacerlo?». Sin embargo, antes de intentar reducir una conducta, conviene plantearse otra cuestión todavía más importante: «¿Qué está intentando comunicar?».

Aunque solemos asociar la comunicación con las palabras, las personas nos comunicamos de muchas maneras diferentes. Un niño puede pedir un juguete señalándolo, llevar a un adulto hasta el frigorífico para indicar que tiene hambre o entregar un vaso para pedir agua. Estas conductas se reconocen fácilmente como formas de comunicación porque transmiten un mensaje claro.

Sin embargo, cuando un niño llora, grita, golpea la mesa o intenta escapar de una situación, con frecuencia dejamos de verlo como comunicación y empezamos a interpretarlo únicamente como un problema de conducta. En realidad, muchas de estas situaciones también pueden estar expresando una necesidad, una emoción o una dificultad que el niño todavía no sabe comunicar de otra manera.

Esto no significa que todas las conductas difíciles sean únicamente un problema de comunicación ni que deban ignorarse. Significa que, para intervenir de forma eficaz, primero necesitamos comprender por qué aparecen. Solo así podremos enseñar habilidades que permitan al niño expresar sus necesidades de una forma más funcional y participar con mayor éxito en su vida diaria.

De hecho, comprender la conducta es uno de los principios fundamentales de las intervenciones basadas en la evidencia. Como veremos a lo largo de este artículo, el objetivo no debería ser únicamente eliminar las conductas problemáticas en niños con autismo, sino ayudarles a desarrollar formas de comunicación que les permitan expresar lo que sienten, lo que necesitan o aquello que quieren conseguir.

 

 

función de la conducta: niño rompiendo material¿Por qué aparecen las conductas problemáticas en niños con autismo?

Todas las personas nos comportamos por un motivo. Nadie realiza una conducta porque sí. Detrás de cada comportamiento existe una razón, aunque a veces no resulte evidente a primera vista.

Esto también ocurre con las conductas problemáticas en niños. Cuando un niño grita, llora, golpea la mesa, tira objetos o intenta escapar de una actividad, es fácil centrarse únicamente en lo que está haciendo. Sin embargo, si solo observamos la conducta, estaremos viendo únicamente la parte visible del problema.

La pregunta más útil no suele ser «¿cómo consigo que deje de hacerlo?», sino «¿qué está intentando conseguir con esa conducta?».

En muchos casos, la respuesta está relacionada con la comunicación.

 

Toda conducta comunica algo

Las personas nos comunicamos continuamente, incluso cuando no utilizamos palabras.

Un bebé llora para que alguien atienda una necesidad. Un niño señala un juguete porque quiere jugar con él. Un adulto levanta la mano para pedir turno o hace un gesto para indicar que no está de acuerdo.

En todos estos casos entendemos que existe una intención comunicativa.

Sin embargo, cuando un niño llora porque no puede abrir un envase, empuja una tarea porque le resulta demasiado difícil o se tira al suelo al terminar una actividad que le gusta, con frecuencia dejamos de interpretar la conducta como comunicación y empezamos a verla únicamente como un problema de comportamiento.

En realidad, el mensaje sigue estando ahí. La conducta puede estar diciendo:

  • «Necesito ayuda.»
  • «No entiendo lo que tengo que hacer.»
  • «Quiero seguir jugando.»
  • «Esto es demasiado difícil para mí.»
  • «Necesito un descanso.»
  • «No sé cómo pedir lo que quiero.»

Como explica la American Speech-Language-Hearing Association (ASHA), la conducta puede convertirse en una forma de comunicación cuando la persona todavía no dispone de otras herramientas más eficaces para expresar sus necesidades. 

 

Cuando faltan herramientas de comunicación, la conducta puede ocupar su lugar

Esto no significa que todas las conductas problemáticas en niños con autismo se deban exclusivamente a dificultades de comunicación.

Las diferencias sensoriales, la incertidumbre, las dificultades para comprender una situación, el dolor, el cansancio o la frustración también pueden influir en la aparición de determinadas conductas.

Sin embargo, cuando un niño no dispone de una forma eficaz de expresar todo esto, es mucho más probable que termine comunicándolo mediante su comportamiento.

Por ejemplo, un niño que todavía no sabe pedir ayuda puede llorar cuando una tarea resulta demasiado complicada. Otro que no dispone de una forma de pedir un descanso puede intentar escapar del aula. Del mismo modo, un niño que no puede expresar que un ruido le resulta insoportable quizá termine tapándose los oídos, gritando o intentando abandonar el lugar.

En todos estos ejemplos, la conducta está transmitiendo una información importante sobre lo que necesita esa persona.

 

La conducta es el mensaje, no el problema

Uno de los errores más frecuentes consiste en intentar eliminar una conducta sin comprender para qué está sirviendo.

Imaginemos un niño que cada tarde llora cuando no consigue abrir un paquete de galletas.

Si únicamente conseguimos que deje de llorar, pero seguimos sin enseñarle cómo pedir ayuda, la necesidad continúa existiendo.

Probablemente aparecerá otra conducta diferente para comunicar exactamente lo mismo.

Por eso, las intervenciones actuales centradas en la evidencia recomiendan comprender primero la función del comportamiento y, posteriormente, enseñar una forma de comunicación que permita obtener el mismo resultado de una manera más eficaz y socialmente útil.

Este enfoque constituye la base del Entrenamiento en Comunicación Funcional (Functional Communication Training), una de las intervenciones con mayor respaldo científico para reducir conductas que cumplen una función comunicativa (Carr y Durand, 1985).

Si quieres comprender con más detalle cómo identificar qué mantiene una conducta y por qué aparece en unas situaciones sí y en otras no, te recomendamos leer nuestro artículo Funciones de la conducta: la clave para entender el comportamiento infantil. Una vez comprendida esa función, el siguiente paso será enseñar una forma alternativa de comunicar esa misma necesidad, como explicamos en La importancia de enseñar conductas alternativas. 

 

 

Por qué aparecen las conductas problema¿Qué ocurre cuando no comprendemos la función de la conducta?

Cuando las conductas problemáticas en niños con autismo se interpretan únicamente como desobediencia, falta de límites o intentos de llamar la atención, es habitual que toda la intervención se centre en conseguir que desaparezcan.

Sin embargo, si no entendemos por qué aparece una conducta, es muy difícil encontrar una solución que funcione a largo plazo.

Imaginemos a un niño que cada vez que comienza una tarea rompe el papel o tira el lápiz al suelo. Si solo intentamos impedir que lo haga, es posible que consigamos detener esa conducta en ese momento. Pero si el verdadero problema es que la actividad le resulta demasiado difícil o no sabe cómo pedir ayuda, la necesidad seguirá existiendo.

En ese caso, la conducta puede volver a aparecer más adelante o incluso ser sustituida por otra diferente que cumpla exactamente la misma función.

Por eso, antes de decidir cómo intervenir, resulta imprescindible comprender qué está manteniendo ese comportamiento.

 

No todas las conductas tienen el mismo significado

Una misma conducta puede cumplir funciones completamente distintas según la situación.

Por ejemplo, un niño puede llorar porque:

  • Quiere acceder a un juguete.

  • Necesita ayuda para hacer una tarea.

  • Quiere evitar una actividad demasiado difícil.

  • Tiene dolor o malestar.

  • Se siente frustrado porque no consigue comunicar lo que necesita.

  • Está experimentando una sobrecarga sensorial.

Aunque desde fuera todas estas situaciones puedan parecer iguales, la intervención será completamente diferente en cada una de ellas.

Por este motivo, centrarse únicamente en la conducta sin analizar el contexto suele conducir a estrategias poco eficaces.

 

Comprender la conducta permite intervenir de forma más eficaz

Cuando entendemos la función de una conducta, dejamos de actuar por ensayo y error.

En lugar de preguntarnos: «¿Cómo hago para que deje de gritar?»

La pregunta pasa a ser: «¿Qué necesita para no tener que gritar?»

Este cambio de perspectiva modifica completamente la intervención.

Puede que la solución sea enseñar a pedir ayuda. Puede que necesite un descanso. Puede que la tarea deba adaptarse a su nivel de aprendizaje. O quizá sea necesario modificar algún aspecto del entorno que está dificultando su participación.

En otras palabras, dejamos de centrarnos exclusivamente en eliminar una conducta y empezamos a buscar formas de responder a la necesidad que la está provocando.

 

La conducta no desaparece por casualidad

Cuando un niño aprende una manera más eficaz de conseguir aquello que necesita, muchas conductas dejan de ser útiles y disminuyen de forma natural.

Por ejemplo, si aprende a pedir ayuda cuando una tarea resulta complicada, tendrá menos necesidad de escapar de la actividad. Si puede comunicar que necesita un descanso, es menos probable que recurra a conductas intensas para abandonar una situación.

Este principio cuenta con un amplio respaldo científico y constituye la base del Entrenamiento en Comunicación Funcional (Functional Communication Training, FCT), una intervención que consiste en enseñar una respuesta comunicativa que cumpla la misma función que la conducta problemática, pero de una forma más eficaz y socialmente apropiada (Carr y Durand, 1985).

Precisamente por eso, comprender la función de la conducta es solo el primer paso. El siguiente consiste en enseñar al niño una habilidad que le permita comunicar esa misma necesidad de una forma que resulte más fácil de comprender para las personas de su entorno. Esa es la base de las intervenciones centradas en la comunicación y el motivo por el que enseñar conductas alternativas resulta mucho más eficaz que intentar eliminar una conducta sin ofrecer una alternativa funcional. 

 

 

Enseñar nuevas formas de comunicar

Comprender por qué aparecen las conductas problemáticas en niños con autismo es un paso fundamental, pero por sí solo no produce ningún cambio. Una vez identificada la función de la conducta, el siguiente objetivo es enseñar al niño una forma más eficaz de expresar esa misma necesidad.

En otras palabras, no basta con intentar que una conducta desaparezca. Es necesario ofrecer una alternativa que le permita conseguir el mismo resultado de una manera más funcional.

Pensemos en un niño que llora porque quiere beber agua. Si aprende a señalar un vaso, utilizar un pictograma o decir «agua», ya no necesitará recurrir al llanto para comunicar esa necesidad. La necesidad sigue siendo la misma; lo que cambia es la forma de expresarla.

Este es uno de los principios fundamentales de la intervención basada en la evidencia: cuando una conducta cumple una función comunicativa, enseñar una forma de comunicación que cumpla esa misma función suele ser mucho más eficaz que intentar eliminar únicamente la conducta.

 

La alternativa debe servir para lo mismo

Uno de los errores más frecuentes consiste en enseñar una habilidad que no responde a la necesidad que está motivando la conducta.

Por ejemplo, si un niño intenta escapar de una actividad porque le resulta demasiado difícil, pedirle simplemente que permanezca sentado probablemente no resolverá el problema.

En cambio, enseñarle a comunicar:

  • «Necesito ayuda.»

  • «No entiendo.»

  • «¿Me ayudas?»

  • «Necesito un descanso.»

Le proporciona una herramienta que puede utilizar en esa misma situación sin necesidad de recurrir a una conducta que interfiera en su aprendizaje.

La clave es que la nueva habilidad permita al niño conseguir el mismo objetivo que obtenía mediante la conducta anterior.

 

La comunicación puede adoptar muchas formas

Cuando hablamos de enseñar nuevas formas de comunicar, muchas personas piensan únicamente en el lenguaje oral.

Sin embargo, la comunicación es mucho más amplia.

Dependiendo de las características y necesidades de cada niño, la alternativa puede consistir en:

  • Utilizar gestos.

  • Señalar un objeto.

  • Emplear pictogramas.

  • Utilizar un comunicador dinámico.

  • Escribir una palabra.

  • Decir una frase de forma oral.

Todas estas formas de comunicación son válidas cuando permiten que la persona exprese lo que necesita de manera eficaz.

Como recuerda la American Speech-Language-Hearing Association (ASHA), el objetivo de la comunicación no es utilizar un único medio, sino disponer de herramientas que permitan participar en la vida cotidiana y expresar necesidades, deseos, opiniones y emociones. 

 

Enseñar antes de necesitar la habilidad

Otro aspecto importante es que estas habilidades no deberían enseñarse únicamente cuando aparece una conducta difícil.

Si esperamos a que el niño esté muy frustrado para enseñarle a pedir ayuda o solicitar un descanso, probablemente le resultará mucho más complicado aprender.

Lo más recomendable es practicar estas formas de comunicación en momentos tranquilos, dentro de actividades cotidianas y con muchas oportunidades de éxito.

Después, cuando aparezca una situación realmente difícil, el niño tendrá más posibilidades de utilizar esa nueva habilidad.

 

La conducta pierde utilidad cuando existe una alternativa eficaz

Cuando una persona descubre que puede conseguir lo que necesita mediante una forma de comunicación más sencilla y eficaz, muchas conductas dejan de cumplir una función y comienzan a disminuir de manera progresiva.

Por eso, el objetivo de la intervención no debería ser simplemente eliminar las conductas problemáticas en niños con autismo, sino aumentar las oportunidades de comunicación.

 

 

Escuchar más allá de las palabras

Cuando pensamos en comunicación, solemos prestar atención a lo que una persona dice. Sin embargo, en muchas ocasiones, especialmente cuando existen dificultades para expresar necesidades mediante el lenguaje, también es necesario observar lo que la conducta nos está diciendo.

Las conductas problemáticas en niños con autismo pueden aportar información muy valiosa si aprendemos a analizar el contexto en el que aparecen. En lugar de fijarnos únicamente en el comportamiento, conviene preguntarse:

  • ¿Qué ocurrió justo antes?

  • ¿Qué estaba intentando hacer el niño?

  • ¿Qué consiguió después de esa conducta?

  • ¿En qué situaciones aparece con más frecuencia?

  • ¿Hay momentos en los que no ocurre?

Responder a estas preguntas ayuda a identificar patrones que, a simple vista, pueden pasar desapercibidos.

 

El contexto suele ofrecer muchas respuestas

Una misma conducta puede tener significados completamente diferentes dependiendo de la situación.

Por ejemplo, si un niño llora siempre que comienza una actividad de escritura, quizá la tarea le resulte demasiado difícil. Si ocurre únicamente cuando termina el tiempo de juego, puede estar expresando que quiere seguir con esa actividad. Si aparece en un supermercado muy ruidoso, quizá las diferencias sensoriales estén influyendo en su comportamiento.

Observar el contexto permite comprender mejor qué necesidad está intentando expresar el niño y evita sacar conclusiones precipitadas sobre su comportamiento.

 

Escuchar también implica adaptar el entorno

Comprender la conducta no significa que toda la responsabilidad recaiga sobre el niño. En muchas ocasiones, pequeños cambios en el entorno pueden facilitar enormemente su participación y reducir la necesidad de recurrir a conductas difíciles para comunicar una necesidad.

Por ejemplo, adaptar el nivel de dificultad de una tarea, ofrecer descansos, reducir estímulos sensoriales cuando sea necesario o proporcionar herramientas de comunicación accesibles puede marcar una gran diferencia.

El objetivo deja de ser que el niño se adapte constantemente al entorno y pasa a ser construir entornos que favorezcan su participación y su comunicación.

La National Autistic Society recuerda que comprender las posibles causas del comportamiento y realizar ajustes en el entorno suele ser mucho más eficaz que centrarse únicamente en intentar suprimir una conducta. 

 

Cambiar la pregunta cambia la intervención

Cuando dejamos de preguntarnos únicamente «¿cómo consigo que deje de hacerlo?» y empezamos a preguntarnos «¿qué está intentando comunicar?», también cambia nuestra forma de intervenir.

En lugar de responder solo a la conducta, comenzamos a responder a la necesidad que hay detrás de ella.

Ese cambio de mirada no significa permitir cualquier comportamiento ni dejar de enseñar nuevas habilidades. Significa comprender que la conducta es una fuente de información y que escuchar ese mensaje es el primer paso para ayudar al niño a desarrollar formas de comunicación más eficaces, aumentar su autonomía y favorecer su bienestar.

 

 

Un cambio de mirada

Durante muchos años, las conductas problemáticas en niños con autismo se han interpretado principalmente como comportamientos que debían eliminarse lo antes posible. Sin embargo, la investigación y la práctica clínica han demostrado que intervenir únicamente sobre la conducta, sin comprender qué la está provocando, rara vez produce cambios duraderos.

Hoy sabemos que una intervención eficaz comienza intentando comprender qué función cumple ese comportamiento y qué necesita la persona para no tener que recurrir a él.

Esto no significa que todas las conductas deban permitirse ni que cualquier comportamiento sea adecuado. Existen conductas que pueden interferir en el aprendizaje, en la convivencia o incluso poner en riesgo la seguridad del propio niño o de quienes le rodean. En esas situaciones es importante intervenir, pero hacerlo desde la comprensión de la causa y no únicamente desde la intención de suprimir el comportamiento.

Cuando cambiamos la pregunta de «¿cómo consigo que deje de hacerlo?» por «¿qué necesita para no tener que hacerlo?», también cambia nuestra forma de acompañar.

En muchas ocasiones, la respuesta pasa por enseñar nuevas habilidades de comunicación, adaptar el entorno, ajustar las demandas, ofrecer apoyos adecuados o reducir barreras que dificultan la participación del niño.

Este enfoque no solo favorece un aprendizaje más eficaz, sino que también contribuye a fortalecer la relación entre el niño y las personas que le acompañan. Cuando una persona siente que su comunicación es escuchada y comprendida, disminuye la frustración y aumentan las oportunidades de participar de forma activa en su entorno.

En definitiva, comprender las conductas problemáticas como una posible forma de comunicación no significa restar importancia a las dificultades que pueden generar. Significa reconocer que, detrás de muchas de ellas, existe una necesidad que merece ser entendida.

Escuchar ese mensaje es el primer paso para enseñar habilidades más eficaces, promover una comunicación funcional y mejorar la calidad de vida del niño y de su familia.

Si las conductas problemáticas están interfiriendo en el bienestar de tu hijo o en la dinámica familiar, una evaluación individualizada puede ayudar a identificar qué función cumplen y qué estrategias pueden favorecer un cambio duradero. En nuestro Centro de Autismo en Albacete trabajamos desde un enfoque basado en la evidencia, centrado en comprender las necesidades de cada niño y en enseñar habilidades funcionales que favorezcan su comunicación, su autonomía y su participación en los diferentes contextos de su vida diaria.

Si necesitas orientación, puedes conocer nuestros Servicios o contactar con nosotros para recibir asesoramiento personalizado.

 

 

preguntas frecuentes en autismoPreguntas frecuentes sobre las conductas problemáticas 

 

– ¿Las conductas problemáticas en niños con autismo siempre tienen una función?

Sí. Desde el análisis funcional de la conducta se considera que toda conducta cumple una función, aunque no siempre resulte evidente a primera vista. Una conducta puede servir para pedir ayuda, acceder a un objeto o una actividad, evitar una situación que resulta difícil, obtener información del entorno o comunicar una necesidad que la persona todavía no sabe expresar de otra manera.

Comprender esa función es el primer paso para diseñar una intervención eficaz.

 

– ¿Todas las conductas problemáticas en niños con autismo son una forma de comunicación?

No siempre, pero muchas de ellas sí pueden tener un componente comunicativo.

Una conducta puede estar influida por múltiples factores, como diferencias sensoriales, dolor, cansancio, ansiedad, dificultades para comprender una situación o problemas para expresar una necesidad. En muchos casos, estos factores se combinan entre sí.

Por eso, antes de intervenir conviene analizar el contexto en el que aparece la conducta y qué puede estar intentando comunicar el niño.

 

– ¿Cómo puedo saber qué está intentando comunicar mi hijo?

Observar lo que ocurre antes, durante y después de la conducta suele aportar información muy valiosa.

Preguntas como:

  • ¿Qué estaba ocurriendo justo antes?

  • ¿Qué consiguió después de la conducta?

  • ¿En qué situaciones aparece con más frecuencia?

  • ¿Hay momentos en los que nunca ocurre?

Pueden ayudar a identificar patrones y comprender qué función está cumpliendo ese comportamiento.

 

– ¿Es posible reducir las conductas problemáticas sin utilizar castigos?

Sí. La evidencia científica muestra que comprender la función de la conducta, adaptar el entorno cuando sea necesario y enseñar habilidades de comunicación funcional suele producir resultados más duraderos que centrarse únicamente en castigar o suprimir el comportamiento.

El objetivo no es solo que una conducta desaparezca, sino que el niño disponga de una forma más eficaz de expresar la misma necesidad.

 

– ¿Qué son las conductas alternativas?

Las conductas alternativas son habilidades que se enseñan para que el niño pueda conseguir el mismo objetivo que obtenía mediante la conducta problemática, pero utilizando una forma de comunicación más eficaz y adaptativa.

Por ejemplo, un niño que grita para pedir ayuda puede aprender a señalar, utilizar un pictograma, un comunicador o una palabra para expresar esa misma necesidad.

 

– ¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

Es recomendable buscar orientación profesional cuando las conductas problemáticas interfieren de forma significativa en el aprendizaje, la comunicación, la participación en las actividades diarias, las relaciones familiares o el bienestar del propio niño.

Una evaluación individualizada permite identificar qué función cumplen esas conductas y diseñar estrategias adaptadas a las necesidades de cada persona, favoreciendo el desarrollo de habilidades de comunicación y reduciendo la necesidad de recurrir a conductas que dificulten su participación.

 

Beatriz Rives, directora del Centro Aprendizaje y Psicología de Albacete.Beatriz Rives García
Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº CM-01981 y Board Certified Behavior Analyst (BCBA) nº 1-21-51539. Especializada en autismo, análisis aplicado de conducta (ABA) y necesidades educativas especiales.
Más información sobre mí.

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